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martes, 18 de febrero de 2014

Cuarto Oscuro; Capítulo Uno.

El primer Choque

Mad estaba loco. Todo el mundo lo sabía en cierta manera y por eso le habían dado ese apodo. Y según todo el mundo estaba loco porque, siendo un arquitecto reconocido y con mucho dinero, decidió pasar un par de años entregándose a la fotografía como si de una amante se tratara.
Otra razón por la que todos creían que estaba loco era un poco más simple: era un excéntrico, tenía gustos raros y la verdad era que actuaba como un nene caprichoso. Él sabía que la gente esperaba que fuera normal pero siempre había creído que ser normal era aburrido. Quizás era por eso que, a la edad de dieciséis años, su hermana le diera ese apodo y de golpe todo el mundo comenzara a llamarle así.
Abrió los ojos con el ceño fruncido después de que el maldito teléfono sonara por cuarta vez e interrumpiera su bello sueño. Gruñendo por lo bajo, tanteó en la mesita de luz hasta encontrar su celular.
—¿Aló?
—¡Dios! Que voz de muerto que tienes.
—Ah, Laura querida, ¿podría saber por qué me despiertas a las seis de la mañana?
—Son las ocho y media y no, no lo puedes saber. Tu hermana me pidió que te despertara y te hiciera venir lo más pronto posible por un trabajo de fotógrafía que tiene disponible.
Mad se incorporó sobre la cama tan rápido que le dolió la cabeza a causa de la resaca. No le caía bien la secretaría de su hermana, tan cínica y molesta, pero un trabajo de fotografía valía la pena. En especial, porque su hermana Alexandra tenía su propia marca de ropa y las fotografías que tomaba para ella salían en las mejores revistas del país. Su pasión no era tomar fotos de modelitos escuálidos y andróginos posando con ropa que una persona normal nunca se podría poner, pero si su nombre entraba en las revistas Zipper, Had Life, Zoom y demás podría llegar a hacer trabajos más importantes que fotografiar crios.
— ¿De qué trata el asunto?
—Tienes que llegar a su atelier en una hora, ¿crees que podrás?
—Claro que si, mademoiselle. Nos vemos.
Colgó demasiado pronto como para escuchar su respuesta y salió corriendo hacia el baño para darse la ducha obligada de la mañana.
"¡Un trabajo! ¡Al fin!".
Su hermana seguramente le pediría un descuento, pero valdría la pena si con eso lograba la reputación suficiente para valerse luego por sí solo y no tener que depender de las revistas de moda para ser conocido. Después de todo, los fotógrafos no se dedican sólo a las caras bonitas sino también a plasmar lugares y situaciones reales que transmitan mayores emociones que el típico: “Soy super sexy, compra lo que uso así te verás igual a mí”.
Y eso era lo que él quería: plasmar emociones reales en las fotos, incluso aunque fueran tristes. Claro que le encantaba la arquitectura, pero cuando tomaba su Kodak y sacaba una foto de una paloma solitaria en una parada de autobús derruida, se sentía más vivo que construyendo edificios. Se duchó rápidamente, secándose a una velocidad casi extrema y luego de ponerse guapo con una camisa celeste tan claro que pasaba por blanco, su chaqueta de corderoy marrón predilecta, sus mejores vaqueros y su dosis indispensable de "Fuel for Life" de Diesel (su perfume predilecto) decidió que estaba listo para salir a la calle.
En los suburbios de Lieblos, donde residía, había numerosas casas con múltiples formas y tamaños: casas grandes y antiguas como la suya, casas de ricos, casas de gente común, casas de material, prefabricadas, chicas, medianas y algún que otro apartamento al estilo italiano. La acera era mucho más amplia que la carretera, había muchos más árboles, bicicletas y las calles eran muy tranquilas en la mañana, excepto durante las vacaciones de verano que se llenaba de los niños que no se iban de veraneo. Era el típico suburbio que aparecía en todas las películas y tenían casillas de seguridad en todas las esquinas, kioscos y algún que otro almacén familiar. Podía ir a pie hasta el atelier de Alex, pues su casa estaba tan al norte que con veinte minutos de caminata llegaba, pero prefirió usar su Sedan para llegar sin hacer mucho esfuerzo hasta la hermosa tienda que su hermana había construido desde abajo hasta convertirla en un gran imperio. Esa tienda chic con colores estrafalarios y su cartel rojo y negro que recitaban la palabra "Alchemy" con un extraño símbolo debajo era prácticamente inconfundible.
Estacionó en paralelo, puso la alarma y entró en la tienda pasando del primer piso donde estaban las dependientas tratando a los clientes y las perchas con los diseños de su hermana colgados junto a los probadores, y fue directamente al segundo piso. Allí, rodeada de telas, metros y sus asistentes, Alexandra diseñaba su propia línea de ropa juvenil para ambos sexos y llevaba a cabo las sesiones de fotos con los modelos que ella misma elegía para un tipo de ropa en especial. Luego de mucho esfuerzo, Alex fue capaz de ganarse su propio puesto en las revistas actuales de moda, en las tiendas más importantes de todo el país, y ya comenzaba a moverle el piso a los extranjeros.
Atravesando el campo de asistentes que cargaban bustos de medio cuerpo, no le costó encontrarse con su hermana acomodando los holanes de un traje de gala de gasa púrpura con corsette en animal print. Permaneció allí de pie mirándola por un instante, notando los cambios de look a los que sometió su cabello y su cara.
Ahora, en vez del color rosa chicle, su pelo era rojo fantasía, con unos bucles perfectos hechos en la mejor coiffeur de la ciudad y, para su sorpresa, estaba toda maquillada cuando hacía unas tres semanas no se ponía más que un delineador negro y labial rosa perla. Nunca la había visto usar labial carmín con sombra celeste y mucho menos recordaba haberla visto con las pestañas tan arqueadas y llenas de rímel. Hasta sus uñas estaban rojas. Cuando ella sufría estas metamorfósis no podía evitar el preguntárse si era su manera de sobrellevar algún rechazo o si tenía algún problema grave, aunque él no era quién para juzgar.
Tous les cieux, hermanita. ¿Quién te ha dejado plantada como para que termines convertida en una fresa gigante?
—Mad —su hermana mayor dejó lo que estaba haciendo para volverse hacía él, no sin antes hacer gestos a diestra y siniestra dando órdenes implícitas a sus asistentes—. Tardaste demasiado poco en venir, ¿no te dijo Laura que tenías una hora para llegar? Aún estamos en pañales por aquí.
—¡Pero yo no quería caminar! —se llevó una mano al pecho de forma teatral, mirando a su hermana con cariño—. No seas tan cruel conmigo, Alexandre.
La cara de Alex se desfiguró por medio segundo e inmediatamente le golpeó en el brazo con una mano, mirándole con una de sus famosas miradas quiebra- espíritus a las que todos sus asistentes temían: una mirada así era señal de un holocausto.
—Te cortaré la lengua si vuelves a decir eso —siseó ella.
Pero Mad no sentía miedo de esas miradas, pues sabía que su hermana mayor en el fondo era incapaz de golpear a nadie aunque tuviera fuerza de hombre. Y es que aunque nadie lo notara, en realidad no se llamaba Alexandra sino Alexandre Labadie. Nadie hubiera pensado que se sometió a un cambio de sexo a los dieciséis años aún en contra de los deseos de su ahora difunto padre, ya que casi no se notaba. Jean Claude admiraba mucho a su hermana por haberse enfrentado a su padre a tan corta edad, a riesgo de que la echara y nunca más le pasara dinero, cosa que efectivamente hizo, cuando él mismo fue incapaz de decirle a su padre, ni siquiera en su lecho de muerte, que no le gustaban las mujeres.
Mad nunca tuvo el valor de admitir que le atraían otros chicos y por eso admiraba tanto a su hermana que, aún con los estudios sin terminar y casi sin donde vivir, se las arregló por su cuenta para hacer lo que creía correcto para ella, sin pedirle un sólo céntimo a Julian Labadie hasta conseguir una beca en un prestigioso colegio de diseño.
Había conseguido la mitad de sus metas al año de gritar a los cuatro vientos que obtendría la beca y se convertiría en una gran diseñadora de moda. Por eso no podía sino admirarla en secreto, aunque eso no evitaba que le hiciera bromas.
—Tranquila ma cherie, nadie me ha oído. Y aunque oyeran, no entenderían porque se pronuncian casi igual —rio él, abrazándola contra su pecho. No le sorprendió notar que tenían casi la misma altura—. ¿Ya te lo has cambiado legalmente, cierto?
—Hace algún tiempo, aunque también tengo un nombre artístico —Alex le miro todavía con esos ojos furibundos, pero suspiró al cabo de un rato—. No vuelvas a decir eso, sabes lo mucho que me ha costado llegar donde estoy y sería un problema revelar algo así hasta que mi nombre tenga algo de peso por sí solo.
—Creo que entiendo a qué te refieres, hermanita. ¿Y cuál es tu nombre artístico?
Alex rió, con una de esas risas suyas tan femeninas pero al mismo tiempo tan estridentes que le caracterizaban. Su hermana llegaba a tener un tremendo vozarrón aunque fuera de mujer.
—Lady Badie.
Mad no pudo evitar reírse también.

Tal como había esperado, lo que su hermana quería era una sesión de fotos que ella misma había arreglado con la revista de moda, belleza, pasarelas y todas esas cosas que Mad consideraba bastante estúpidas pero lucrativas. La revista se llamaba Zoom e iba a ser una tirada que recorrería todo el país y si tenía éxito, cruzaría las fronteras para viajar alrededor del globo en las distintas sucursales del magazine, llevando a Alex a una buena parte de la cima de una patada rápida. Ella se lo había explicado muy bien, debían ser fotos excelentes pues salir en la revista de modas más importante y de más peso de la actualidad, suponía un nuevo flujo de clientes y propuestas de pasarelas, además de que las agencias de modelos le tendrían más en cuenta. Por eso le dijo al director de la versión local de Zoom que se encargaría ella misma de conseguir los mejores modelos y al mejor fotógrafo.
—Por supuesto hermanito, como soy un ser que roza la perfección, conseguí lo mejor de lo mejor.
—¿Por eso me elegiste a mí? —suspiró, tomándose un café con ella y Laura mientras veía a los demás asistentes ir y venir, preparando todo para la sesión de fotos—. Cuando menos, podríamos hacerlo en un lugar diferente, como en el parque, o en una cafetería... No sé, algo que combinara con la ropa.
Laura le miró como si fuera un idiota, chasqueando la lengua y sirviéndose más café con sacarina.
—Se nota que no sabes cómo son las cosas con Zoom, Jean Claude. Primero hay que enviar fotos de prueba para que vean la ropa y los modelos, elijen sólo las mejores y proponen los lugares donde pueden sacarse las fotos que irán dentro de la revista. ¡Es cultura general, caramba!
A veces Mad sentía verdaderas ganas de hacerle tragar la taza de café entera. En especial cuando le llamaba por su nombre verdadero.
—Ah, cher connard, ¿es que alguien te pidió tu opinión? Hablaba con mi hermana, no contigo Raúl —y sonrió complaciente al escuchar la sarta de insultos que le dedicó, mientras bebía los últimos sorbos antes de que su hermana le golpeara en la espalda y le retara por decir el nombre verdadero de Laura, que también era transexual.
—¡No vuelvas a hacer eso! —chillaba, y aunque adoraba a su hermana, le daba ganar de hacerlo una y otra vez.
Los asistentes dejaron todo limpio, Alex hizo pasar a los modelos que como siempre abrieron los ojos muy sorprendidos al enterarse de que el fotógrafo era el hermano menor de la diseñadora. Ninguno de los chicos y chicas lograba comprender cómo esos dos podían ser hermanos y no parecerse en absoluto, la verdad era que no los culpaba. Alex era de piel clara pero tenía manchas blancas en casi todo el cuerpo luego de pasar por una crisis de nervios tras el funeral de su padre y por haber presenciado un accidente automovilístico, todo en la misma semana. Se vestía colorinche y aunque era esbelta y atlética gracias a las horas de pilates y su manía por comer sano, era demasiado alta. Pese a que había sido hombre, nunca fue muy masculina, ni desarrolló una voz muy grave. Siempre tuvo un aspecto tan femenino que ahora nadie dudaba que hubiera nacido con los cromosomas XX en vez de los XY.
Mad, en cambio, era de espalda ancha y físico bastante trabajado por las horas de ocio en el gimnasio. De piel un poco más oscura que su hermana, su pelo era castaño oscuro y lacio. Además, sus caras no tenían muchas similitudes, tal vez la nariz recta, los labios y el color de los ojos, aunque Alexandra lo disimulara usando lentes de contacto verdes para que combinara con sus estilos mientras que Mad lucía su color miel natural
—A ver jóvenes, pónganse en posición, que no tenemos todo el día —gritaba Laura, recuperada del enojo aunque con el rímel fuera de lugar.
Ella también era muy femenina y amiga de la infancia de Alex desde que podía recordar. Él sólo tenía tres amigos de la infancia y muchos conocidos actuales a los que veía cada tanto para matar el tiempo, a veces pensaba que era un solitario. Pero así le gustaba.
Primero hicieron pasar a los jóvenes adultos con la línea de cuero y lycra. Mad suspiró, pues su hermana lo había hecho de nuevo, había elegido modelos femeninos y masculinos muy bellos, pero todos eran personas comunes y corrientes que nunca en su vida habían modelado, por lo que era su turno como fotógrafo y darles instrucciones. "Mueve la pierna derecha, mira fijamente a la cámara". "A ver, ¿Michelle, verdad? Entorna los ojos, así como si estuvieras avergonzada. Muy bien, eso es".
Cambio de ropa, retoque de maquillaje, modelo va, modelo viene. "Sonríe con más ganas". "Ponte de espaldas y gira como si alguien te hubiera llamado". Agua y comida para todos. Salen las damas, entran los hombres, maquillaje, poses, sonrisas, miradas fijas y potentes. "Maurice, ponte de perfil, tienes que mirar un punto fijo". Fotos, descanso, poses, risas, fotos. Los adultos eran un poco más difíciles de manejar porque eran más retraídos a hacer cosas.
—¡Terminamos! —Mad cambió el rollo de su Kodak y respiró aliviado de ver ahora al montón de chicos y chicas púberes vestidos con la línea de ropa unisex. Todos se veían tan andróginos y lindos que comenzaba a pensar en hacerse copias de las fotos. Lo bueno era que los más jóvenes estaban mucho más sueltos, dispuestos a hacer cualquier tontería con tal de divertirse y que les pagaran bien, a excepción de esos que tenían una pinta de macho que mantener, pero bastaba con decirle a todas las chicas que, con su sonrisa más sexy, les pidieran a coro que hicieran lo que les pedía el fotógrafo y prometieran darle sus números de teléfono.
Todos posando al mismo tiempo, foto, maquillaje, una chica sonriendo y abrazando a otra, foto, descanso, maquillaje, cambio de ropa, dos chicos posando juntos, dos varones fuertes cruzando los brazos en pleno aire para que una jovencita pelirroja se siente en ellos. "Mira hacia la derecha". "Piensa en la persona que te gusta". "Mírame como si quisieras desafiarme, anda".
—Descanso de media hora —dijo Laura, sirviéndole agua, té o café a todo el mundo con unos sándwiches y bocadillos—. Aprovechen para cambiarse de ropa y los estilistas, comiencen a hacer su trabajo.
Mad se sentó en un rincón, cambiando el rollo de la cámara y sintiéndose bastante agobiado. Le encantaba el trabajo que estaba haciendo, la verdad era que estaba muy satisfecho con cada toma, pero estar en ese recinto cerrado de paredes completamente blancas comenzaba a hacerle algo de daño. Se sentía mareado, como si todas esas paredes que le rodeaban estuvieran confabulando en su contra, ejerciendo presión sobre su cuerpo todas al mismo tiempo, tratando de sofocarle. Por eso prefería estar en sitios abiertos o, al menos, no tan blancos y cerrados. Le recordaba al hospital donde había fallecido su padre y le ponía muy nervioso.
—Mad —al alzar la cabeza se encontró con su hermana mirándole muy preocupada y con que había estado respirando agitado mirando al piso sin darse cuenta—. ¿Te encuentras bien?
—Sí, estoy algo mareado, es todo.
Oh, mon cher frère, lo siento mucho. Olvidé lo de los lugares cerrados. ¡Laura! —gritó, y Mad sintió ganas de taparse los oídos pero se contuvo—. ¡Laura, abre las ventanas!
—No es necesario, Alex, estoy bien.
—Usted se calla, que aquí la mayor soy yo y se hace lo que yo diga.
Y no dejó de gritar hasta que Laura le hizo caso y abrió las malditas ventanas. Cuando todo el recinto se llenó de aire fresco y dejó de marearse por el encierro y los perfumes de ropa, siguió con la sesión. Al cabo de varias fotos, Mad creía que podía irse, pero Alex le dijo que no.
—Falta mi modelo principal, hermanito. No podemos enviar las fotos si no están las suyas.
—¿Qué? Si quiere que lo atienda entonces que venga temprano Alex, no tengo todo el día.
En realidad sí que lo tenía, porque no tenía nada más que hacer, pero le enfadaba mucho cuando alguien no respetaba su horario. No quería quedarse más tiempo entre esas paredes blancas.
—Acaba de enviarme un mensaje al celular, tuvo un pequeño problema. ¿Podemos esperarlo un rato verdad?
—Pero Alexandra... —y ahora ella le ponía esa carita de cachorro abandonado. Como siempre que se creía capaz de resistir los ojitos que su hermana le ponía, falló asquerosamente. Al final, gruñendo por lo bajo e insultándose por dentro, terminó por ceder—. De acuerdo, treinta minutos más.
Bufó y esperó, sacando un nuevo rollo para la cámara y de nuevo fotos, fotos, y más fotos. Pasaron cinco minutos, diez, quince, veinte. Al llegar a los veinticinco Mad estaba hasta ya cansado de esperar, así que juntó sus cosas yéndose a trompicones de Alchemy pese a que su hermana le suplicó que esperara unos minutos más. Estaba furioso, si existía algo que le molestara era que lo hicieran esperar. Por eso no podía entender a los modelos.
"¿A qué clase de modelito tonto se le ocurre hacer esperar a la gente de esa manera, eh? ¿Y por qué mi hermana lo tiene en tan alta estima?". Pensaba el fotógrafo, masticándose los insultos.
Maldiciendo en su interior, abrió la puerta del primer piso del local para poner los pies en la calle, pero un misil negro azulado cubierto en seda brillante lo embistió de frente haciéndole caer al piso. Fue todo tan rápido que apenas atinó a tomar al misil de una de sus alas de tela celeste.
“¿Un misil azul? ¿Pero qué diantres estoy  pensando?”
El golpe le había dejado las neuronas muy embotadas para andar pensando estupideces así o al menos eso creyó Mad mientras intentaba reponerse.
Merde —gruñó sobándose la cabeza, mientras se sentaba convencido de que ninguna resaca le había dolido tanto como ese golpe. Estaba a punto de volverse hacia el imbécil que lo había atropellado y decirle unas cuantas verdades e insultos pero no pudo.
—Ay, mi cabeza... Fa male.
Aquella voz suave y tintineante que, podía apostar dos de sus cuentas bancarias, no era la de un adulto, lo obligó a darse la vuelta y mirar el pequeño bulto a su izquierda que había estado ignorando. Abrió la boca por completo.
Frente a él había un hada. Sonaba tonto, pero estaba seguro de que era un hada, o un elfo, o un ángel. Pero Mad no creía en los ángeles por lo cual se quedó con la teoría del hada, cuyos grandes ojos azul mar fueron lo primero que vio de ella. Era un hada muy alta y delgada, aunque tenía pinta de ser bastante joven. Su cabellera era larga y sedosa, de un profundo color negro azulado que no parecía natural.
"Oh", pensó. "Esa era el ala de seda que tomé entre mis manos". Tenía la piel casi tan blanca como Alex, labios carnosos, nariz pequeña y respingona, carita como de gato por la forma de corazón de su rostro algo aniñado.
Mad estaba obnubilado, observando cada movimiento del hada que se sobaba la cabeza con una mueca de dolor en su rostro. No podía decir si era un hada niño o un hada niña pues todo su cuerpo era largo y estilizado, estrecho y bien torneado, completamente ambiguo y casi como el de una chica poco desarrollada. Ni siquiera su ropa le daba una pista, porque tanto chicas como chicos podían usar jeans celestes y una sudadera marrón— ¿Te encuentras bien? —preguntó, no muy consciente de la forma en que clientes y dependientes le miraban.
—Ah, s-sí eso creo —farfulló el hada, alzando un poco la mirada para verle—. Lo siento mucho, no fue mi intención empujarle, señor.
Por su parte, el mayor se sentía alegre de que le hubiera empujado pero no lo dijo, se limitó a darle la mano para ayudarlo a ponerse de pie y no se sorprendió al notar que su piel era muy suave. Le sonrió para tranquilizarle, no fuera cosa que su hada se desvaneciera de vergüenza.
Ahora que le veía mejor, tenía el pecho demasiado plano y recto para ser mujer, al igual que sus hombros, que eran más amplios.
—No te preocupes, no fue gran cosa. Pero no corras tan deprisa, querido.
Su hada le sonrió. Al menos no se había equivocado de sexo. Iba a preguntarle cómo se llamaba y por qué estaba tan apurado, cuando su hermana, que al parecer lo había perseguido en su intento de huida, apareció de golpe y corrió a abrazar al joven de ojos azules.
— ¡Occhiblu! —Chilló, apretujándolo contra su pecho—. Qué bueno que viniste, Mad ya estaba a punto de irse y no quería hacerte venir en vano.
"¿Occhiqué?" pensó Jean Claude, poniendo cara de circunstancia mientras intentaba buscar en su diccionario mental el posible significado para semejante palabra que jamás en la vida había escuchado. Eso, sin lugar a dudas, no era francés.
El chico les dedicó una sonrisa tan encantadora a los dos adultos que Mad se mareó por un instante sin saber por qué.
—No te preocupes, Alex. No lo hubiera culpado por irse si era yo el que llegaba tarde. ¿No crees? —Miró a Mad y éste sintió mariposas en el estómago, más cuando las mejillas del menor se colorearon de rosa—. Mucho gusto, tú debes ser el hermano de Alex.
—Sí. Soy… —carraspeó, para horror suyo se le había enronquecido la voz—. Soy Mad, es un placer conocerte.
El modelo asintió con la cabeza, apretándole la mano con más fuerza de la que Mad hubiera previsto. Estaba agotado por haber ido corriendo desde el hospital hasta la tienda de ropa, el corazón todavía le golpeteaba con fuerza contra el pecho por el esfuerzo, pero no podía dejar de lado la cordialidad con aquel hombre que acababa de conocer sólo por estar cansado. Especialmente si era el hermano del que Alex tanto le había hablado. Aunque la forma en que le miraba se le hacía algo extraña, y también le intimidaba un poco por lo que le costaba mantener su mirada. No le gustaba cuando la gente lo miraba en exceso, se sentía como si le estuvieran escaneando en un intento por averiguar “qué” era pero, así y todo, no dijo nada para no ser descortés. Ya le habían dicho que Mad era medio raro, así que intentó no darle mucha importancia.
 “¿Así que Mad, eh?” mascullaba el modelo en su fuero interno, mirando de reojo a su fotógrafo. “¿Qué clase de nombre es Mad? Significa ‘loco’ en inglés”
Alexandra dijo algo de que la sesión de fotos todavía no terminaba y que debían tomar las suyas para enviarlas a la revista. El muchacho le siguió muy de cerca con las manos en los bolsillos de la sudadera, mirando a su izquierda donde estaba aquel hombre para sonreírle cada tanto, ya fuera por compromiso o nervios.
—Perdón por haberte hecho esperar —le dijo sinceramente apenado—, estaba en el hospital y tuve que venir corriendo porque el autobús se averió a medio camino.
Mad los siguió a los dos como una especie de zombi, guiado por la estela que dejaba el chico al caminar y el brillo que la luz le arrancaba a sus cabellos, enterneciéndose con sus disculpas sinceras.
—No te preocupes, en realidad no tengo nada más que hacer —de golpe, le llamó la atención algo en particular de lo que dijo el pequeño—. ¿Hospital? Si Alex me hubiera dicho que tenías cita con el médico no me hubiera importado esperar.
—No, no fui al médico para nada —respondió Occhiblu rápidamente—. Fui a visitar a alguien, yo estoy perfectamente bien.
Aunque Mad no lo dijo, aquello le alivió un poco.
Apenas llegaron al segundo piso varios de los modelos saludaron al jovencito andrógino, al igual que Laura, los asistentes de Alex y los estilistas encargados de arreglar a los modelos. Mad se preparó para sacar las fotografías y observó como lentamente el joven iba siendo transformado en algo diferente gracias a la ropa y el maquillaje que le remarcaba los ojos y las mejillas. Miró asombrado el cambio que se producía en la personalidad del chico y se convertía en el modelo que se suponía que era sin reparos.
Fotografiar la forma decidida en que observaba a la cámara, las miradas suaves y tiernas, esas sonrisas elocuentes, las poses realistas que hacía con sus compañeros, comenzó a volverse algo obsesivo para él, era como si su Kodak hubiera tomado el control de su cuerpo y no pudiera evitar fotografiar cada cosa que el chico hacía, solo o acompañado, sintiendo un fuego instalarse en sus mejillas y sus ojos al tiempo que lo miraba y le pedía que posara de una manera o de otra.
—Haz una pose más natural —le dijo—, más propia de ti.
El hada de ojos azules le miró sin entender, él creía que todas sus poses eran naturales. Cuando hacía como que les decía cosas al oído a las chicas y estas se reían, o saltaba sobre la espalda de alguno de sus compañeros varones, siempre hacía todo de la forma más natural posible. Intentó pensar en algo más natural hasta que, casi sin quererlo, posó sus ojos en la cornisa de la ventana y decidió hacer lo que hacía cada vez que Alex le dejaba solo en ese cuarto: se sentó allí, con un pie extendido hasta el piso y la otra pierna flexionada contra su cuerpo, mirando la ventana maravillándose por la vista.
Y a Mad se le detuvo el corazón. Fue por un instante, un breve instante en que le pareció que esa imagen era la cosa más hermosa que hubiese visto nunca y contenía todas las respuestas del mundo, encerrada en algún rincón desapercibido, tal vez escondido en el brillo de esos pozos de agua azules o en alguna hebra de ese cabello. Tal vez en algún milímetro de su piel o en el perfume de su ropa.
La tarde pasó tan dolorosamente lenta para Jean Claude que no captó la diversión de los modelos, los cuales hacían cosas cada vez más locas, y terminó por rogar a sus adentros que todo el mundo desapareciera. A excepción, de su hada.
—Muy bien chicos, eso es todo por hoy —la voz de Alex lo sacó de su ensimismamiento.
Todos los modelos pasaban por su paga y se retiraban intercambiando números de celular, emails, direcciones de escuelas o trabajos y demás datos personales. No vio al hada entre todos ellos, que salían del cuarto como una especie de manada homogénea, lo cual le causó una extraña sensación de pesar. Le hubiera gustado saber su nombre.
Mientras él guardaba sus cosas, Alex ponía todo en su lugar por su cuenta ya que sus ayudantes estaban descansando y Laura llevó una charola con tres tazas de café y una de té, más un bol con galletas y otro con sándwiches. Necesitó un momento antes de darse cuenta de que habían puesto una taza de té extra. Que él recordara, Alex y Laura eran adictas al café, y a él no le gustaba tomar té antes de la merienda. Tal vez, pensó, habían tardado más de lo que creía y ya era tarde. Por inercia, miró su reloj de mano, comprobando que apenas si eran las tres de la tarde. Ahora la curiosidad le picaba con más fuerza, pues no dejaba de preguntarse para quién era  el té.

Better hang on if your tagging along
Cos we'll be doing this till 6 in the morning
Nothing wrong with going all night long
Time to put the brakes on doesn't matter when you got to

La música llegó a sus oídos al mismo tiempo que el ruido de una silla haciéndose a un lado y el de alguien sentándose. Laura había puesto todo en la misma mesa donde minutos antes él dejó todos sus elementos de trabajo y ahora alguien se sentaba a su lado escuchando música. Ahogó un gritito de alegría al ver que era su hada la que ahora se sentaba a su lado, comiendo un sándwich mientras escuchaba el mp3 a todo volumen.
Mad tomó su taza de café, rogando que le mirara.

Get up, go out
Me and all my friends
Drink up, fall down
We'll do it all again
Just sitting around, hanging out this afternoon

El muchacho apagó el mp3, pues era de mala educación comer y escuchar música al mismo tiempo. Tomó su taza de té y notó que Mad le miraba, sonriéndole. Le devolvió la sonrisa, quitándose los auriculares antes de dirigir su atención hacia Laura.
—Gracias por la comida, Laura.
—De nada, Occhiblu. Trabajaste duro, así que te lo mereces.
— ¿Me pagarás con comida en vez de con dinero?
Mad no pudo sino reírse.
—Esta mujer es tan tacaña que no me sorprendería mucho, querido —Laura frunció el ceño y desapareció detrás del alerón que separaba la "cocina" del resto del cuarto—. Ah, ya se enfadó.
—No te aflijas, es que tiene mal genio pero en el fondo es una buena—sonrió con un aire divertido por aquella escena mientras apoyaba la mejilla en su palma abierta, haciendo temblar la mano de Mad—. ¡Alex! ¿Vas a comer algo? Te va a dar algo si no comes.
—Ya voy, déjame acomodar un poco todo esto. Espera.
Mad se llevó un sándwich a la boca y deseó poder acariciar la cabeza del chico de, maravillado por la textura de su pelo y el perfume que despedía, pero no creía que al muchacho le gustara que hiciera algo así. Por ende, se limitó a hacer un gesto vago con la mano
—Es una loca por la limpieza. Créeme que no se moverá de ahí hasta ver su reflejo en el piso. Pero gracias por intentarlo.
— ¿Tanto así? Vaya si la conoce bien, señor.
— ¡Mon dieu! —Exclamó de golpe haciendo que el chico saltara en su asiento por la sorpresa—. No me digas así, por favor, ¿es que me veo tan viejo? Trátame de tú y dime Mad, como el resto del mundo.
Él bebió un poco de té, pensándolo. Le habían enseñado a tratar de usted a los adultos por respeto, pero ya que Mad le había pedido que lo tratara de tú no había mucho que pudiera hacer al respecto.
D'accordo, Mad —respondió, mirándole a los ojos—. ¿Te llamas así? Es un nombre raro.
—No —dijo, sacudiendo un poco la cabeza al tiempo que se reía de su propio apodo. ¿No se le entumecían los músculos de tanto sonreír a ese niño? Al parecer no, pero al mayor le importaba un reverendo comino pues esas sonrisas le estaban comenzando a gustar y se estremeció con ese acento italiano tan marcado, antojándosele exquisito—. Es un apodo, en realidad me llamo Jean Claude Labadie —queriendo impresionarle pronunció su nombre con notable acento francés, casi exagerándolo un poco, pero por toda respuesta el chico solamente sonrió y se terminó su taza de té.
—Es un buen nombre. En mi país sería Giovanni Claudio pero suena mejor en francés ——hizo un gesto breve con su mano, volviendo su atención a su té por unos instantes como si lo necesitara en su sistema antes de volver a prestarle atención, acomodándose el cabello con una mano. La vista de su cuello era algo con lo que Mad podía entretenerse por horas. Ariel, por su parte, intentaba entretenerse con la conversación. Tenía curiosidad por conocer al "hermano loco" de Alexandra del cual Laura le había hablado tanto y no precisamente bien —— Me gusta más tu acento que el mío, pero no se te nota tanto como a mí cuando hablabas.
—El tuyo es precioso, muy italiano. Me gusta cómo suena en las "eses" y las "ges" ¿Y Occhiblu es tu nombre también? —Preguntó mirándole malicioso, mordiendo una galletita—, porque no lo parece.
Occhiblu abrió mucho los ojos y casi de inmediato se dio una palmada en la cara, medio escondiendo el rostro. Mad se preguntó si estaba avergonzado o riéndose, pero no lo supo hasta que el chico se irguió de nuevo, sacudiendo una de sus manos levemente mientras negaba con la cabeza y un sonrojo muy tenue le tintaba las mejillas.
— ¡No! —rió, intentando pasar la vergüenza que sentía cada vez que alguien le preguntaba eso. Alex y Laura le llamaban de esa manera porque su madrina también lo hacía, pero no era fanático de ese apodo cariñoso, en especial porque nadie lo llamaba así desde el tercer grado—. Es sólo un apodo que me puso mi madrina cuando era pequeño, y como es amiga de Alex todas comenzaron a llamarme así.
“Entonces así es como este chico terminó en la tienda de ropa de Alexandra”, penso Mad en su fuero interno. Seguramente su madrina lo habría propuesto o quizás Alex lo hubiera elegido por que conocía su encanto desde antes.
—Es un apodo bonito, no deberías ponerte así —por el rabillo del ojo pudo ver cómo Alex le miraba con una expresión extrañada y con el ceño fruncido.
"No te metas en esto, sólo trato de ser amable con el jovencito". Pensaba Mad, sintiéndose de golpe enemistado con ella.
Sí, claro”, resonó una voz en su cabeza, el Mad interno, su pequeño alter ego que residía en lo más profundo de su mente, el cual estaba sentándose en una silla en el interior del pequeño cuarto que ocupaba dentro de su cabeza con las piernas cruzadas al tiempo que se reía a mandíbula batiente. “¿Ser amable e intimar es lo mismo en estos días?”
"Cállate, no te metas tú tampoco".
Pero Alex sí se entrometió. Ella siempre había sido una metomentodo, que seguramente estaba pensando lo peor de él. Lo que Jean Claude no sabía era que su hermana sólo estaba sorprendida por la facilidad con la que hablaban, especialmente porque Jean nunca se llevó bien con los chicos más jóvenes y porque Ariel no era bueno hablando con desconocidos.
—Jean Claude, no andes molestando a Occhiblu. Él no puede quedarse aquí todo el día, tiene que estudiar para ir a la escuela.
“¿Escuela?” Por un instante no supo si había escuchado bien, si estaba delirando o si su hermana le estaba jugando una broma. Miró sorprendido al jovencito que se encogió de hombros. “Joder, pero… ¿¿Cuántos años tiene??”
— ¿Aún vas a la... —carraspeó, de nuevo le flaqueaba la voz—, escuela?
La pequeña hada recordó que tenía que hacer el trabajo práctico de "Educación Sexual" y se zampó el último sándwich a las apuradas.
—Sí, y tengo que irme a hacer un trabajo práctico.
—Pero, ¿en qué curso estás?
—Primero de secundaria, ¿por qué?
El otro yo de Mad se carcajeó por lo bajo.
"Porque querido, eso significa que debes tener dieciséis años como mínimo".
"¡¡Dieciséis años!! ¡Un chico de Dieciseís años!" Se repetía en su fuero interno, sin saber bien qué sentir al respecto.  De golpe escuchó a su Mad interno reírse a carcajadas por su estupidez, llamándolo "pervertido", mientras él mismo se pateaba mentalmente y todas las cosas que había pensado se hacían añicos junto con la imagen celestial del chico sentado en la cornisa de la ventana. Alexandra pensó que su hermano había enloquecido al verlo de golpe en silencio.
—Bueno, él ingresó un poco antes a la escuela así que es el menor del curso, recién cumplirá dieciséis en unos meses.
La cosa iba de mal en peor para Jean Claude. En realidad, para Mad dieciséis años no era demasiado. No era del todo ilegal estar con alguien a esa edad y en el peor de los casos sólo tenía que esperar un poco. Pero quince… Ése número era otro tema. Occhiblu miró al hombre con preocupación, de golpe se lo veía pálido y distante. Extrañado, les dio un beso en la mejilla a ambas mujeres como era la costumbre en su pueblo y antes de irse se acercó a Mad. Aún no lo conocía lo suficiente como para darle un beso, pero al menos le apretó el hombro de forma amistosa y le sonrió sin saber bien por qué lo hacía… Éste alzó la vista de golpe, mirándole sorprendido.
— ¿Vendrás a la próxima sesión, Mad?
En un principio pensó en no ir. Podía decirle a su hermana que buscara otro fotógrafo pero ver esa sonrisa le había enviado un escalofrío que atravesó toda su espalda y una suave oleada de calor que fue desde su pecho hasta el resto de su cuerpo. Mad estaba loco, todos lo sabían, y les dio más motivos para pensar lo mismo cuando sonrió y respondió:
—Sólo si tú vienes, petit.
Por supuesto, el modelo lo tomó como una broma y respondió entre risas que sí, pues él siempre iba a todas las sesiones de fotos, para eso le pagaban. Necesitaba el dinero y era el único trabajo donde le pagaban bien a pesar de ser  menor de edad.
—Claro que vendré. Sólo... No vuelvas a llamarme “pequeño” —contestaba poniéndose los auriculares del mp3 y se iba andando despreocupado hasta la puerta saludándoles con la mano.
—¡Espera! —gritó Jean Claude. El joven se detuvo dando media vuelta— ¿Cómo te llamas?
—Ariel —le respondió por encima del hombro, volviendo a caminar como si nada—. Ariel D'cianno. ¡Nos vemos mañana!
"Ariel" pensó, un nombre corto, bonito, dulce. Le quedaba muy bien a un chico como él. Ariel, Ariel, Ariel. Hasta sonaba perfecto cuando Mad lo repetía mentalmente mientras saludaba al jovencito que desaparecía entre la clientela del piso de abajo.
Sin embargo, Alex no estaba contenta. Parecía dudar más que nunca de la sanidad mental de su hermano. De hecho, estaba a dos segundos de llamar a los paramédicos porque Mad, sin lugar a dudas, estaba muy enfermo. O muriendo. No importaba lo que fuera, pero su forma de actuar no era normal.
—Mad… -su tono de voz daba a entender que no estaba segura de si aquél hombre frente a ella era realmente su hermano o un impostor.
— ¿Qué?
— ¿Te pasa algo?
Él pestañeó inocentemente, tomando una última galleta antes de ponerse de pie.
—No, nada —era verdad. No pasaba nada, al menos no por el momento. Sólo quería conocer un poco más al chico y convencerlo de ser su modelo para otras fotografías.
Eso era lo que quería, fotografiarlo en todo su esplendor. No podía reducirlo solamente a modelo de ropas porque sabía que valía para más que eso. O al menos, eso fue lo que se repitió mentalmente por varios, varios minutos.
Alex se le quedó mirando y le dejó marchar luego de comentar sobre lo raro que era verlo llevándose bien con un crio. Mad odiaba los críos y Alex no dejó de repetirle que le había asombrado su cambio de actitud, al punto en que pensó que algo debía andar mal para que él actuara tan extraño. ¿Qué era “tan” extraño?, se preguntaba Mad ya dentro de su coche, emprendiendo el camino a casa. Quizás era extraño querer fotografiar a Ariel o imaginárselo sonriéndole y posando para él, pero las ideas en su mente fueron volando sin freno hasta que llegó un punto en que tuvo que sacudir la cabeza, diciéndose que era mejor parar de alucinar o se le iban a ocurrir cosas de verdad extrañas y no quería que su hermana lo notara a través de sus ojos y le gritara que era un pervertido.
Al llegar a casa, Mad llevó las fotos al cuarto oscuro para comenzar el proceso de revelación. Se moría por ver las fotos de Ariel. Tomó especialmente la que le sacó sentado en la cornisa de la ventana y permaneció mirándola por horas, recostado en el living de su casa, enmarcando sus ojos con los dedos y también sus labios.
Antes de darse cuenta terminó por dormirse, pensando en esos hermosos ojos azules.



















Primer capítulo de la nueva versión de Cuarto Oscuro. Van a haber muchos cambios de ahora en adelante.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mavya, Me encanta cuarto Oscuro! Lo sigo desde Amor Yaoi y me quede muy sorprendida cuando llegaste al cap 28! Desapareciste y me quede con intriga de saber que seguía!
Ahora vas a reescribirla y a volverla a subir a tu blog? subirás la nueva versión a Amor Yaoi?
Contéstame lo mas pronto posible!

Att: Una admiradora colombiana!

Mavya dijo...

Okey, no sé si te llegue el mensaje, pero aquí va. Sí, lo voy a ir subiendo de a poco al blog. En amor yaoi subiré el capitulo 29 apenas esté revisado por mi beta y les explicaré los motivos de porqué dejé la novela y que pueden releerla en el blog mientras voy subiendo los capitulos re-escritos en AY. Espero que se entienda porque ni yo me entiendo. ¡Gracias por seguir leyendo!

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