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martes, 4 de mayo de 2010

Mis relatos homoeróticos. Cuarto Oscuro Capítulo Once.

Ensayos y malas pasadas.

La segunda oportunidad que se le presentó para conseguirse un buen polvo, fue cinco semanas después del incidente en el hospital. Se le ocurrió ir otra vez a un disco, acompañado por su fiel Macchi, que lo llevó a una que había abierto recientemente: "Rainbow". Ya con el nombre y el letrero con los colores del arco iris era más que suficiente para saber qué clase de gente asistía a ese lugar.

Había salido un par de noches a beber con sus amigos pero, luego de la desastrosa escena con Adrián, decidió posponer un par de días más los ligues, ya que no tenía en mente volver a llamar a ese muchacho. Dio gracias de tener tiempo de sobra para estar en la disco con Macchi, tiempo de olvidar, de divertirse. Dio gracias también porque por un tiempo no iba a ir al trabajo, así podía dedicarse por completo a su intento por deshacerse de la imagen de Ariel de su mente. ¿Cómo? Pues alegó estar enfermo las dos ocasiones en las que Alex lo llamó para realizar fotos, por lo que fue reemplazado por un fotógrafo joven enviado por la revista Mode hasta que él se recuperara. Por ende tampoco había visto a Ariel desde entonces. Casi no estaba en casa, aunque al volver se encontraba con mensajes del niño y de su hermana en el contestador, algunos mensaje en el celular, y sólo lo pensaba ver el domingo para decirle que era su última clase juntos, pues estaba determinado a olvidarle. Ahora tenía cancha libre para parrandear todo lo que quisiera, o al menos eso se decía mientras ingresaba al enorme antro. Muy opuesto con su nombre, el decorado interior estaba basado en el antiguo Egipto, pero el nombre dejó de importarle cuando vio a los esclavos bailar de forma indecente en el escenario, bebió un poco de ron para ponerse a tono y comenzó a escudriñar entre toda la gente que allí había para encontrar algo que le gustara.

Esa vez, quién le llamó la atención fue un muchacho de casi la misma edad que Adrián, aunque tenía la ligera sensación de que éste era un poco más grande. Era más alto, delgado, de cabello castaño y lacio, corto y con flequillo. Olía a perfume de musk y sus ojos celestes casi le robaron el aliento. Se llamaba Aarón, o eso le había oído decir a los chicos que lo acompañaban, y tenía una boca fina pero muy rosada, la cara redondeada y los pómulos marcados, con forma de corazón. Su nariz era un poco chata, tal vez, pero a Mad le encantaron su risa encantadora, el lunarcito en su mentón, sus manos delicadas como las de una chica y su piel, que era muy, muy blanca. Mientras el chico bebía algo en la barra, se acercó de costado y le susurró:

-¿Estás solo? -casi al instante el muchacho se dio la vuelta, con cara de sorpresa. Mad esbozó su mejor sonrisa ganadora a la vez que se sentaba-. ¿Te parece si te invito un trago, encanto? Claro, siempre que bailes conmigo luego.

El chico se rió de forma muy recatada, lo que le ganó puntos y permitió que ignorara los frenos que brillaron cuando le sonrió.

-¿Por qué no? -parecía ser más experimentado que Adrián-. Pero te advierto que tendrás que enseñarme. No sé bailar.

-Oh, yo menos. Pero podemos aprender los dos juntos o... -le sonrió otra vez, tendiéndole una copa-. Podemos beber hasta que no tengamos miedo al ridículo e ir a bailar.

Aarón le sonrió de lado, tomando la copa de daikiri antes de beber un poco y relamerse los labios. El mero gesto hizo que Jean Claude ronroneara, le gustaba el color de sus labios y se los imaginaba trabajando sobre su propio cuerpo. Sin embargo, esta vez fue el menor quien reaccionó primero y se acercó a él para susurrarle al oído en un tono bajo, sensual:

-Vamos a bailar.

No tuvo que decir más para que soltara su Blue Mary, le tomara de la cintura y lo llevara con decisión a la pista de baile, pegándolo a su cuerpo mientras bailaba con una sonrisa seductora. De nuevo, se inclinó sobre él para aspirar su aroma una vez más, hablándole. Esta vez sí se lo llevaría a la cama. No cometería el error de tomar un culito virgen, sino uno con un poco de experiencia, o al menos uno que no tuviera una madre controladora que lo interrumpiera en la mejor parte.

-¿Cómo te llamas, encanto?

-Aarón -él también le habló al oído, pudo sentir como sus dedos jugueteaban con los cabellos de su nuca hasta arriba y lo acercaban más-. ¿Y tú, señorito sexy? ¿Tienes nombre o sólo esa sonrisa hermosa?

Mad sonrió, el chico en verdad buscaba guerra. Y si la buscaba, la iba a tener.

-Mi nombre es Mad. Aunque es un poco tosco comparado con el tuyo, que es tan bonito.

-Claro que no -los brazos del jovencito le rodeaban la nuca de a poco, podía sentir sus dedos como patitas caminándole desde ahí hasta la espalda y más abajo, para luego volver a subir. Ese muchacho le encantaba-. No cuando tus padres son muy religiosos pero dime, ¿vienes mucho por aquí?

-No... Es que tuve un sueño en el que me encontraba con un chico precioso y teníamos una noche alocada en esta misma discoteca.

-¿En serio? ¡Qué casualidad! -Aarón le sonrió y, mientras bailaba, se pegó a su cuerpo más de lo moralmente permitido, susurrando de nuevo en su oído en voz baja, sensual-. Yo soñé algo parecido. Me encontraba con un tipo muy guapo y sexy, lo sacaba a bailar, y lo seducía hasta que terminábamos teniendo una noche de sexo desenfrenado. ¿Será un sueño premonitorio?

Premonitorio o no, Aarón estaba consiguiendo lo que quería. El meneo de sus caderas contra las del mayor y sus manos que subían y bajaban por todo su cuerpo estaba caldeando a Jean Claude, que apenas si podía resistirse a sus provocaciones. Le sonrió por toda respuesta y comenzó a besarle el cuello, acariciándole la espalda por arriba de la camisa; sin embargo, Aarón se quejó.

-No, eso no.

E inmediatamente le tomó de la nuca para alzarle la cabeza y plantarle un beso fogoso en la boca sin previo aviso, beso que Mad aceptó casi al instante y comenzó a corresponder, entre tanto sus caricias y meneos se volvían más precoces. Sus lenguas danzaban incansables entre sus bocas, se mordían los labios y jadeaban en busca de aire, mientras que las manos de Aarón no perdían el tiempo y se colaban dentro de su camisa para apretar y rasguñar. Jean Claude emitió un gruñido de placer, pues Aarón estaba pellizcándole los pezones y rasguñándole un poco al mismo tiempo en una combinación deliciosa que siempre le había encantado, por ello sus propias manos se aventuraron al interior de la ropa ajena, excitándose con el mero tacto de la suave piel. Le gustaba sentir el piercing que el chico tenía en la lengua, estrujar su trasero con ambas manos para apretarlo contra él, fregarse, rápido, fuerte, contra sus caderas y oír el jadeo entrecortado de los dos cuando se separaban para respirar.

-Mnh, creo... -Aarón rió, lamiéndole desde la mejilla hasta la oreja derecha, metiéndole la lengua dentro. Mad soltó un gemido-. Creo que se nos cumplirá el sueño, ¿eh? A menos que no sea el niño de tus sueños.

Por un instante el corazón de Mad se heló al pensar que en verdad él no era el niño de sus sueños, pero cerró los ojos y se dijo: "No. No pienses en ello". Sólo tenía que asentir y dejarse llevar, pasar una buena noche con un chico que le atraía y olvidarse de todo. Eso era lo que buscaba desde un principio. Por ello le sonrió a Aarón, mientras que éste le mordía el lóbulo de la oreja y (para sorpresa de Mad) se atrevía a acariciarle la entrepierna por arriba de la ropa, arrancándole un gruñido de placer.

-Claro que sí. Eres perfecto -le apretó las nalgas al instante de decir aquello, el muchacho de los frenos gimoteó y se apartó de su oreja para concentrarse en su cuello-. Siempre que quieras seguir.

No hubo más que decir. Aarón se separó lo suficiente para poder decirle algo al oído y entonces ambos partieron de la discoteca sin mirar atrás. Esa vez iba a ir a la casa del muchacho que, por fortuna, vivía solo. Durante todo el viaje en su propio coche el Sedán anduvo zigzagueando por la carretera, pues Aarón no dejaba de manosearlo en ningún momento. Para Jean Claude era complicadísimo concentrarse en la carretera cuando tenía a un chico excitado lamiéndole todo el pecho y apretándole el paquete en uno de los masajes más excitantes que tuvo desde hacía algún tiempo. Se sintió tentado de tirárselo ahí mismo, en su auto, pero su mínimo de decencia le exigía que cuando menos estuvieran en un lugar donde nadie pudiera verles u oírles. Al fin, tras un trecho que le pareció eterno pese a ser solo un kilómetro, llegaron a la casa de Aarón. No miró la casa, ni el frente, ni siquiera se preocupó por saber el nombre de la calle, sólo tomó sus condones, que siempre tenía dentro del auto, y aseguró su Sedán antes de que el chico le tomara de la mano y lo arrastrase puertas adentro. No hubo previa, no hubo nada, Aarón lo llevó directo a su habitación sin dejar de besarle y acariciarle, tratando de quitarle la ropa. Mad estaba tan excitado que se dejó llevar sin problemas y, en un mar de jadeos, terminaron los dos en una mullida cama de media plaza con los pantalones abiertos y casi sin ropa de la cintura para arriba.

-Mad... Ahm, anda, déjame hacer algo por ti, ¿sí? -jadeó el joven a su lado, que se quitaba la camiseta casi arrancándosela mientras le lamía el cuello. Mad, con una erección que punzaba por ser liberada, se dejaba hacer mientras intentaba comprender el idioma raro en que le hablaba su compañero de juegos, al que decidió comenzar a masturbar por sobre la ropa. Aarón se retorció-. Agh, nhm... No, no hagas eso. Quiero chupártela antes.

-Ah, ¿de verdad? -nunca nadie iba a saber cuánto le costo decir esas tres palabras.

-Sí. Venga, quiero hacerlo. Por fa, Mad -con una sonrisita de chico malo comenzó a acariciarle los labios con un dedo y el pecho con la otra mano a la vez que lo empujaba de a poco para que quedara boca a arriba-. Te prometo que te va a encantar. Lo hago muy, muy bien.

Sólo esos roces estaban pudiendo con la poca cordura que quedaba en él y no hizo más que asentir, dejando que el chico se le sentara sobre las caderas. Hacía tiempo que nadie le hacía un oral, ése iba a ser un buen cambio. Por su parte, Aarón reinició los roces cadera con cadera aprovechando que ahora, con los pantalones abiertos y a medio bajar, podían fregarse ambos miembros excitados a través de la ropa interior. Dejó oír un jadeo gutural que le envió un estremecimiento de goce al otro, a la vez que se inclinaba sobre él y le rodeaba un pezón con la lengua, lamiendo la aureola.

-Mmh... Dios. Así, así. Lo haces demasiado bien, ya me tienes... agh..., tan caliente. ¿Seguro que quieres continuar?

-Claro que sí, Mad -respondió el chico, haciendo ruiditos de satisfacción. Dio lengüetazos a aquel pezón, haciendo que Mad arqueara la espalda antes de rodearlo con los labios y chuparlo duramente como si pudiera sacar algo de ahí-. Quiero que te guste, prepárate.

Jean Claude sólo cerró los ojos y se aferró a las sábanas con fuerza. Sentía la humedad en su pecho ponerle la piel de gallina, el pezón endureciéndose bajo las atenciones de esa boca y ambos miembros humedecerse pese a la ropa. Sus propias caderas se movían también en busca de más, empujándole al chico en la entrepierna mientras que él mismo gemía con los labios apretados y la lengua de Aarón, candente, húmeda, se dirigía al pezón contrario. Dios, ese mocoso buscaba hacerlo estallar en serio. Las manos del chico, que gemía en éxtasis por solo estar provocándole, subían y bajaban dejando marcas de rasguños suaves, hechos para provocar, y su boca mamaba con fuerza hasta enrojecerle. Mad se retorcía inquieto debajo de él, moviendo las caderas más rápido a medida que la lengua del menor y sus manos iban descendiendo cada vez más. Primero recorría los músculos del pecho, luego descendía con suma lentitud para recorrer los abdominales de uno en uno hasta llegar al ombligo y morderle.

-¡Dios, Aarón! -gruñía el fotógrafo, alzando las caderas y moviéndose con más ímpetu. Lo necesitaba y lo necesitaba ya-. Más...Ahh, mnh. Vamos, no me hagas esperar. Continúa -dijo, tomándole de los hombros para empujarle un poco y hacer que descendiera.

Aarón se rió y le miró con picardía, relamiéndose los labios.

-Eres tan impaciente. Sshh, tranquilo, yo me encargo de todo.

Con una lentitud que casi saca de quicio al mayor, Aarón bajó toda su ropa hasta las rodillas y subió lentamente por sus piernas lamiéndole los muslos, la cara interna de éstos, dejando mordidas. Jean Claude arqueó la espalda, reprimiendo un gemido. Mientras Aarón reía por lo bajo y rompía la cubierta del condón rojo ayudándose con la boca y una mano, usaba la otra para apretar el miembro suplicante de Mad sólo con dos dedos, moviéndolos de forma circular enviándole vibraciones de excitación, que se reclinó cada vez más hasta recostarse del todo con las manos detrás de la cabeza.

-Aahh, ¡ahh! Sí, así... Mngh, muy bien, Aarón. Más, sigue, sigue.

-¿Te gusta? -inquirió la vocecita del chico, apenas audible entre los jadeos roncos que brotaban desde lo más profundo del pecho de Jean claude, entre tanto su lengua se atrevía a rozar uno de los testículos ajenos. Mad arqueó la espalda de goce.

-¡Dios, sí! -gritó, contoneándose hacia él-. Lo... Nhm, lo haces de muerte. Mhmhg, me encanta, me encanta... Aah...

El susodicho sólo se rió. Desde donde Mad estaba tuvo una visión perfecta de su hombría erguida, que le punzaba ya de tener que esperar. Aarón enseguida puso manos a la obra y, luego de acomodarse el condón en la boca, tomó su excitación con una mano y la posicionó de forma tal que a medida que descendía sobre él con los labios, el profiláctico quedaba puesto. Mad gimió al sentir la humedad a través del látex, cálido, excitante. Tenía los ojos dados vuelta de tanto placer y la sensación se volvió en doble de agradable gracias a la exquisita presión de los labios finos de Aarón y el piercing sobre su atormentada hombría antes de que Aarón comenzara a succionar.

"¡Dios mío!". Gritó en su fuero interno, sufriendo arcadas de placer. En verdad el chico lo hacía de muerte, no podía parar de retorcerse y gemir bajo los tratos de esa boca experta que subía y bajaba de manera tortuosa por su miembro, muy lento y despacio, antes de presionar con fuerza y aumentar el ritmo. Aarón succionaba con saña, jugaba con la lengua para presionarle con el piercing en la base del miembro y se alejaba para lamer únicamente la punta. Se separaba de su sexo para apretarlo con los dedos y lamerle los testículos en una tortura demasiado placentera para detenerla, regresaba luego a su miembro y volvía a chupar a un ritmo rápido, candente, que luego se volvía más lento antes de volver a reiniciar el ciclo. Jean Claude sólo podía gruñir y gritar en pleno éxtasis, sintiendo un irrefrenable deseo de apartar al muchacho de su entrepierna y follárselo con todas sus fuerzas hasta partirlo en dos, para hacerlo gemir y gozar de la misma forma en que Aarón lo hacía con él ahora.

Sus manos se enredaban en la cabellera castaña del muchacho, la revolvía y le obligaba a que siguiera chupando mientras sus caderas se movían para entrar más en él como si de verdad estuviera follándolo. En un leve instante de lucidez intentó apartarlo de ahí para darle un beso y penetrarlo de una buena vez pero la imagen que vio casi lo hace correrse ahí mismo: El que estaba allí, medio desnudo, excitado, con los labios mojados por estar lamiéndole y chupándole y con cara de éxtasis era Ariel. Ariel gemía de placer mientras se la chupaba con devoción, con su flequillo despeinado cayéndole sobre la frente y sus largos cabellos cubriéndole la espalda desnuda y cayendo sobre las caderas de Ma como una cortina de satén.

Sufrió una contracción de satisfacción al verlo así, como en varias de sus más locas fantasías. Ariel tomaba más de él y le apretaba con fuerza usando los dientes, Ariel comenzaba a bajarse el pantalón y se masturbaba para él, permitiéndole ver para que disfrutara del espectáculo. Ariel gemía un poco y se la volvía a chupar. Quería tomarlo en brazos y besarle, morder cada rincón de su precioso cuerpo, chupársela a él también para sentir su sabor y luego introducirse en su carne virginal sin compasión con el único fin de oírlo gritar su nombre a los cuatro vientos.

Pero en cuanto lo intentó, no pudo. Porque luego de la increíble sensación de placer que sintió, le sobrevino un dolor tan profundo que sus alaridos se escucharon a dos kilómetros de distancia.


-Bien, por suerte pudimos parar la hemorragia de la herida. Tendrá que estar de tres a cuatro meses sin actividad sexual, aplicar frío en la zona tres veces al día para bajar la hinchazón y talco para absorber la humedad. Deberá ingerir... -el doctor Moreno, a quien Mad llamaba en su interior "El morenazo de ojos verdes y cuerpo de atleta", garabateó algo en la cartilla médica y en el recetario, antes de extenderlo hacia su compungido ser. Ir a urgencias sin avisarle a nadie fue lo único que se le ocurrió hacer en medio de esa deshonrosa, dolorosa, y humillante situación-. Una cápsula de Naprosyn cada ocho horas y aplíquese una buena pomada cicatrizante como Betadine todos los días al levantarse y al acostarse, luego de lavar y secar la zona.

-Muchas gracias, doctor. Créame que seguiré las instrucciones al pie de la letra.

El doctor le sonrió y le dijo que había tenido suerte de que la lesión no fuera más seria. Por suerte se le había ocurrido usar condón antes de recibir el bucal, o el chico hubiera tenido contacto directo con su sangre y eso hubiera sido un problema.

"Dios...". Lo último que se hubiera imaginado era que el chico iba a desgarrarle el frenillo con los frenos. Era el colmo... Aarón había estado ahí media hora, llorándole y pidiéndole perdón antes de que los médicos decidieran revisarle por las dudas. Luego del dolor tan visceral que había sentido cuando los aparatos del chico le rasgaran la polla y al ver la sangre que sobresalía del condón, tuvo intenciones de llamar a Macchi pero enseguida lo descartó. Primero, porque seguro se le reiría en la cara y segundo, porque también le haría una escena a Aarón con sus típicos celos y la cosa podía terminar con más de un herido si Masaaru se enfurecía de verdad.

Él mismo tuvo que asegurarse de cortar la hemorragia, e ir al hospital del que ahora estaba huyendo. Se había sentido inmundo allí dentro con las piernas abiertas en una cama del hospital con una bolsa de arvejas congeladas metidas en un paño sobre la entrepierna para calmar la hinchazón durante cuatro horas. No podía irle peor.

"Cuando menos no es tan grave". Pensaba mientras volvía a casa en su propio auto, sintiendo una ligera molestia en la entrepierna. "No tienen que operarme, puedo caminar y hacer lo que sea siempre que siga las instrucciones del médico. Todo irá bien, cuatro meses no son nada comparado a lo que he vivido durante medio año".

Mientras manejaba de vuelta a casa, se le ocurrió llamar a Macchi para el desayuno en cuanto se dio cuenta de que estaba amaneciendo. De paso, podría contarle la historia sin que hubiera un menor en peligro cerca, en la tranquilidad de su hogar.

Ariel estaba practicando en una de las salas que Mode le proporcionaba a sus modelos. Llevaba un libro en su cabeza para aprender a caminar muy derecho. Su objetivo era poder hacerlo rápido sin que se le cayera el libro. Ya había comenzado el entrenamiento para su primera pasarela y estaba demasiado nervioso, aunque el supervisor que le tocó, otro modelo con más años que él, era muy agradable. Le hubiera gustado que Mad lo acompañara. La primera opción, para no sentirse tan solo, eran su primo o su tía, pero ninguno estaba disponible para esa semana. Pensó en sus amigos, pero le daba vergüenza que ellos lo vieran, por ende la mejor opción hubiera sido Mad. Sin embargo, él no le respondía a sus mensajes ni a sus llamadas, tampoco iba al trabajo, así que no pudo pedirle nada y se sentía peor al estar solo.

Agradecía que Roger fuera tan amable. Mientras caminaba, en medio del cuarto idéntico a un salón de baile (con piso de madera lustrada, espejos en las paredes y barras) Roger, su instructor, le indicaba cómo tenía que caminar. Era un modelo experimentado que estaba en el negocio desde muy joven, también era bastante requerido. Él siempre lo trataba bien, como si fuera su alumno o su hermano menor, y le decía que no se preocupara si cometía un error. Explicaba todo con exactitud, de forma fácil de entender.

-Tu primera caminata es como tu primera vez con una chica: Estás nervioso, no tienes idea de cómo hacerlo, y terminas muy rápido -le decía siempre que descansaban, comiendo galletitas sin sal con queso dietético y chocolate caliente bajo en grasa-. Pero, al terminar, te sientes orgulloso de ti mismo.

-O-oh... Si tú lo dices -murmuraba Ariel, avergonzado porque no entendía bien a qué se refería, por no haber vivido la experiencia. Además, le daba vergüenza tocar temas semejantes.

Roger se reía, despeinándole el pelo.

-¡Eres tan adorable! Aún eres muy chico, así que no vas a entender bien de lo que hablo hasta que te pase. Pero cuando te pase, tal vez entiendas. Ahora, ¿qué te parece si regresamos a la práctica? Mejoras bastante rápido.

-¿Tú crees?

-Por supuesto. Ya caminabas bastante bien antes de comenzar, ahora vas a arrasar cada vez que des un paso. Tienes que caminar así todo el tiempo, excepto en tu casa, para que no se te olvide -Ariel anotaba todo mentalmente, asintiendo a sus palabras-. Ahora, vamos a practicar un poco más antes de intentarlo sin el libro, tal y como se hace en la pasarela.

-¡Sí, señor!

Roger se reía cada que le respondía de esa manera. Era un buen tipo y, aunque no lo aparentaba por su personalidad tan calmada, era bastante maduro pese a sólo tener veintidós años. No le sorprendía que Roger fuera modelo, era alto, musculoso, esbelto, y tenía un rostro muy bien parecido y amigable. A Ariel le hacía reír que su mentón tuviera un hoyuelo que se le notaba cuando sonreía. Ojos y cabellos marrones, rostro alargado, mandíbula cuadrada, hombros anchos y un cuerpo infartante que hacía que todas las modelos del edificio se dieran la vuelta al verlo caminar. Roger, con su pelo corto y alzado con gel, caminaba como un chico normal, siempre sonriente, cándido, jugándole bromas a todo el mundo cuando no andaba con la nariz metida en un libro de medicina. Ariel se sorprendió mucho cuando, al entrar en Mode para presentarse a todos los demás modelos y a su supervisor, se encontró con que varios estaban estudiando alguna carrera en la universidad. Siempre había creído que los modelos eran idiotas, trepadores, se imaginó que tendría que luchar allí dentro para que no le pisaran, pero resultó ser todo lo contrario.

Como era uno de los modelos más jóvenes del lugar, lo trataban casi como a un niño. Todos se apresuraban a darle un consejo, a riesgo de que él fuera elegido para mejores trabajos que ellos. Pese a que en un principio se sorprendió, terminó por adaptarse bastante rápido a su nuevo entorno, en especial porque él no era el único "raro" del grupo. Muchos de los chicos y chicas que modelaban eran andróginos como él, por lo que se sentía como un igual entre todas esas personas que lo veían normal. Incluso lo creían lindo. Además, su jefe sabía de su condición física y eso le quitó un enorme peso de encima, él se entero luego del examen físico obligatorio que se les hacía a todos los modelos, aparte de estudios y cosas así para comprobar su salud. Cuando Leo Novak padre supo del "problema", llamó a Ariel y tuvo una charla con él diciéndole que nada de eso iba a entorpecer su trabajo y que nadie le trataría de mal. De hecho, hasta le dio la dirección de un centro de ayuda para personas con problemas de género y, aunque al principio dudó, Novak insistió tanto que terminó yendo.

No se arrepintió. No le cabía duda que conocer a otros varones y mujeres de todas las edades con su mismo problema fue bastante gratificante, en especial al verlos asumidos por su aspecto, y eso ayudó a mejorar su autoestima y a que sus prácticas de toda la semana mejoraran. Pero aún tenía bastante por entrenar. Pensaba dar su mejor esfuerzo para no decepcionar a Alex ni a Mad, para obtener el dinero y ayudar a Angelo. Sin embargo, intentar caminar en el cuarto de prácticas de la forma en que Roger se lo pedía le ponía nervioso.

-Vamos, Ariel -Roger estaba a su lado, mostrándole cómo tenía que hacerlo: Suelto, decidido. Debía mover los hombros y los brazos, sin doblar la espalda hacia delante, y no las caderas. Zancadas decididas, largas, detenerse en el centro de la "pasarela" para posar tres veces sin poner expresión y luego regresar. Sin dudar, claro-. Así, tal y como yo lo estoy haciendo. Imita mis movimientos, sólo tendrás que mover las caderas cuando desfiles con ropa de mujer.

-Sí, lo sé... -musitaba, desalentado. De sólo imaginarse la gente que lo vería se sentía intimidado-. Es que me pongo nervioso.

-Naturalmente. La primera vez es así, incluso puede llegar a ser humillante, pero cuando menos hay que tratar. Recuerda, sólo las mujeres mueven las caderas y ponen un pie delante del otro como en una cuerda floja.

-¿No te sorprende que me hagan poner ropa de mujer?

-La verdad, no. No serías el primero al que le piden eso. Si tienes la actitud y el físico para poder usar esa si tilde ropa, pues te la pones y ya. Así es el mundo del modelaje, querido.

Ariel enarcó ambas cejas, pensándolo. Lo que Roger decía era cierto, además, con lo que pagaban, dudaba de que alguien se quejara demasiado.

-Es curioso, a mi tampoco me importa ponerme ropa de mujer.

Roger le sonrió con aire paternal.

-Eso es bueno, en parte. Quiere decir que te aceptas a ti mismo en cierta forma. Que no te incomode tu apariencia, sabes bien que no eres el único en el edificio al que le pedirán que se vista de mujer.

-Lo sé. Eso me hace sentir mejor -nunca había conocido otras personas en su misma situación, siempre se había sentido desdichado y anormal, como un adefesio. Estar ahí con gente que le apreciaba y admiraba su belleza, el conocer a los chicos y chicas del centro con su mismo problema, cambió bastante su modo de ver las cosas. Ya no era un chico raro y anormal, sino un chico muy bonito, algo andrógino quizás por su defecto genético, pero lo suficientemente especial como para que todos aquellos modelos hermosos le dijeran que tenía una carrera prometedora como modelo. Ya era consciente de su potencial-. Ahora me siento mejor así como soy.

-Muy bien. Alimenta tu autoestima y tu ego, porque eso es lo que te hará brillar. Si no tienes confianza en ti mismo -agregó el mayor, pidiéndole con un gesto que volviera a caminar y así lo hizo Ariel-, es igual a ser un don nadie. Una persona con confianza logra lo que se proponga sin importar nada y eso es esencial para ser modelo. Muy bien, Ariel estas dominando la técnica. Mira al frente fijamente, no te distraigas...

"Confianza". Repitió el menor en su mente mientras caminaba hasta el otro lado del cuarto y posaba las tres veces. Si necesitaba confianza para lograr lo que quería, iba a conseguirla de alguna forma, aún le faltaba mucho para tenerla por completo, pero no se iba a rendir. Porque había muchas cosas que se proponía lograr y ese desfile era la oportunidad perfecta.

Durante el siguiente descanso fueron a almorzar junto con otros modelos en la cafetería del edificio. Todos se reunían allí a comer "comida para pajaritos", como Ariel llamaba a los productos "Light" que casi todos ingerían. Allí junto a él y Roger estaban Jasmine, una bonita pelirroja de cabellos ondulados, Jack otro muchacho muy andrógino, Saskia una africana hermosa y Marion, un esbelto muchacho bastante parecido a Roger, a excepción de que él era rubio y bronceado. Todos ingerían ensaladas, yogurt, cosas con sémola y otras semillas, Ariel era el único en la mesa que comía lo que le venía en gana y por eso siempre se ganaba comentarios al respecto.

-Qué envidia me das, tú puedes comer de todo y no te sale un solo grano -esa era Jasmine, haciendo morros a la vez que tragaba sin saborear su leche "deslechada": leche descremada mezclada con agua.

-Lo siento, señorita Jasmine -él trataba a todos con mucho respeto, excepto a Roger-. Para compensar, la próxima vez traigo galletas dietéticas de chocolate.

-¿Puede ser dietético y tener chocolate a la vez?

-Si sabes como hacerlo, sí.

Luego de las risas se pusieron a hablar de la ropa para el próximo desfile que, como se daba dentro de poco, ya estaba finalizada y seleccionada. Todos podrían ver la ropa que usarían en unas semanas más, mientras tanto, los novatos tenían que seguir entrenando. Y el entrenamiento incluía muchas sesiones de limpieza de cutis, tratamientos para el pelo, gimnasia y la caminata, la eterna caminata.

-Humm -Ariel rumiaba, bebiéndose su leche fría con chocolate. Le era fácil hablar con la gente más grande, por lo que se adaptaba muy bien a cualquier charla a sabiendas de que había cosas que no le decían por ser "de adultos", aunque no era eso lo que le preocupaba-. El desfile está muy cerca, y yo aún tengo problemas con la pasarela.

-A partir de pasado mañana comenzaremos a ensayar directamente en la pasarela -dijo Roger, bebiéndose su agua saborizada-. Estoy seguro de que lo harás mejor ahí. No tienes errores en la técnica, es sólo que caminas demasiado rápido y tu expresión no va del todo bien.

Ariel fingió un sollozo e hizo pucheros, jugueteando con su vaso de leche mientras veía cómo Jasmine se babeaba al mirar su almuerzo compuesto por un sándwich de carne con verduras y un pastelito de chocolate.

-Lo sé. Es solo que no sé ser sensual, como tú me pides.

Marion frente a él, se rió por lo bajo y contestó:

-No es poner una cara sensual, sino una mirada sensual. Tu vista debe estar dirigida al frente, no debes mirar a los espectadores a menos que eso te pidan los organizadores, pero tiene que ser sensual. Como cuando estás en una sesión de fotos.

-Sí, pero no es lo mismo.

-No. A ver, pongámoslo así. ¿Hay alguien que te gusta?

Las mejillas del chico enrojecieron al instante. La imagen mental de Mad le había llegado tan rápido que no tuvo tiempo de responder con palabras, atinando sólo a asentir.

-Bien, imagina que quieres llamar la atención de esa persona a toda costa, o de alguien más. No tienes que poner una expresión en particular sólo tienes que mirarlo fijamente a los ojos, pensando en lo que sientes por esta persona o en lo que quieres que sienta, confiando plenamente en ti mismo. Con eso, alcanza y sobra. Nadie se resiste a una mirada fija.

Ariel abrió mucho los ojos. Eso le recordó a las miradas que solía prodigarle Mad, aquellas que lo hacían sonrojar sin saber por qué.

-¡Claro! -exclamó Jasmine, robándole un pedazo de lechuga al sándwich de Ariel-. Si miras fijo a alguien por más de cinco segundos quiere decir que estás interesado en esa persona. Lo mismo si te miran a ti. Cuando veas que ya está casi a tus pies, entreabres un poco los labios o muestras tu sonrisa más deslumbrante y luego bajas la mirada para volverla a fijarla en esa persona. En la pasarela, piensa en una persona y en lo que quieres que esa persona sienta al verte, camina haciendo los pasos más largos que puedas, concentra tu mirada en un solo punto y cree que eres sexy. Así te saldrá muy fácil.

-Y -agregó Saskia, sonriendo-. Mientras caminas tienes que pensar que eres la persona más hermosa del mundo. Y así todo el tiempo, cielo. Verás como todo lo que te decimos da resultado.

Ariel les agradeció efusivamente la ayuda, diciéndoles que lo probaría mientras practicaba, y luego se pregunto si esa táctica realmente servía para captar la atención de las personas. ¿Acaso le serviría con Mad? No, se dijo, porque Mad estaba con el chico de la otra vez, seguramente no se tomaría en serio lo que Ariel le dijera y terminaría perdiendo su amistad.

Pero intentarlo, nada costaba. Sería un experimento.

En eso estaba pensando cuando sonó su celular. Le pidió perdón a sus amigos, levantándose al tiempo que atendía la llamada de parte de Alex. ¿Qué sería? Esperaba que no fuera un trabajo, porque debía ir con Macchi ese día.

-Hola Alex -dijo apenas estuvo solo, en el pasillo-. ¿Cómo estás? ¿Ocurre algo?

-Yo estoy muy bien, tesoro. Y sí, ha pasado algo. No quiero preocuparte, pero creí que necesitabas saberlo. No es grave, pero...

Algo en su interior se removió antes de responder.

-Jesú, Giussepe e María, Alex. ¿Qué ha pasado? Me estás asustando.

-Es que Mad estuvo anoche en el hospital.

Macchi escuchó toda la historia luego de que, tras recibir el llamado de Mad, fuera a su casa más rápido que un bombero y con un pastel comprado en las manos. Se sentó junto a él, con las comisuras de los labios temblándole de tanto aguantarse la risa. Al final, fue Mad quien luego de bufar un poco tras servirle el café, le dijo:

-Puedes reírte si quieres, Masaaru.

Y eso bastó para que soltara una carcajada que luego intentó reprimir por respeto al sufrimiento de su querido amigo y ex pareja.

-L-lo... s-ssiento... Mad -dijo casi atragantándose.

-Tienes suerte de que no esté de humor o ya te estaría partiendo la jeta a golpes.

-Tú fuiste quien me dio permiso -ya recuperado del ataque de risa, Macchi se cruzó de brazos-. En serio, Ma-chan, nunca pensé que te ocurriría algo semejante. ¿En qué estabas pensando cuando dejaste que ese niño te...?

-No estaba pensando, Macchi. La tenía demasiado dura para pensar.

-En verdad estás muy necesitado, Ma-chan -dijo Macchi, cruzando las piernas al tiempo que lo miraba con cara de lástima-. Y ahora deberás pasar el doble de tiempo sin verle la cara a Dios. En serio que comienzas a preocuparme, ¿no te estarás tomando el tema del olvido demasiado en serio?

-Masaaru, sabes que no tengo otra opción.

-Sí, sí -masculló el joven, haciendo un gesto con la mano-. Quieres olvidarlo, lo sé. Pero..., ¿no has pensado que quizás no debes olvidarlo? ¡Piénsalo! Las únicas veces que has intentado follar con alguien te ha ido mal y ahora el niño se la pasa dejándote mensajes en el celular o el contestador. Tal vez sea una señal.

-¿Crees que Dios esta haciendo todo esto a propósito para que yo desvirgue a un niño de catorce años? -siseó Jean Claude en voz baja, apretando los puños. Lo hubiera golpeado de no ser porque tenía que tomarse la medicina y el pastel de chocolate con fresas estaba demasiado bueno para desperdiciarlo tirando la mesa abajo para pegarle.

-Sabes que no creo en Dios, pero quizás sea así. ¡Mírate! ¡Mírate ahora, Mad! Entre más tratas de olvidarlo peor lo pasas y, para colmo, por lo que me has dicho, sólo empeoras las cosas.

Eso no tuvo como replicárselo. Le había contado lo que ocurrió luego de casi haber follado con Adrián, le contó también de los sueños que había tenido desde entonces, y todo desembocaba en lo mismo: Ariel. Lo extrañaba tantísimo, no tenerlo cerca era peor de lo que se hubiera imaginado nunca. Sentía como si una parte de él le faltara, como si estuviera solo todo el tiempo aunque hubiera gente rodeándolo y le partía el alma en dos no responderle los mensajes. Pero estaba convencido de que él ya no lo necesitaba... Ahora tenía a sus nuevos amigos y, lo quisiera o no, tenía que cortar de alguna manera esa enfermiza obsesión por él. Sin embargo, como si la fortuna estuviera en su contra, no hacía más que cagarla como el mejor. Nada le salía como él quería.

-Puede que sea cierto, Macchi. Pero... ¿Qué debo hacer? ¿Seducirlo? ¿Quedarme a su lado hasta que crezca aunque quizás nunca me quiera de esa forma? ¿Tragarme mis sentimientos por siempre? No tienes idea de cuánto me duele, el querer abrazarlo y no poder hacerlo, querer besarlo, acariciarlo...

"Follártelo como un desesperado, vestirlo como una muñeca, hacerlo gritar tu nombre a los cuatro vientos. ¿Me olvido de algo?". Dijo de golpe el doppleganger, dándole una sorpresa.

Mad soltó un suspiro, acomodándose lo mejor que pudo sobre la silla en un intento de que Macchi no se diera cuenta de nada. En parte le ponía contento oír la voz de Bad Mad, ya que no había aparecido desde lo de Adrián, pero su comentario le había sacado canas nuevas.

"Hasta que al fin apareces".

"Tenia que hacerte notar que no puedes vivir sin mí".

"Pues, odio decirlo, pero es verdad. Sin tus consejos, me siento perdido. Creo que te he extrañado un poco".

"Oh, ya lo sé querido Mad. Pero tenía que disfrutar de tu sufrimiento antes de regresar" -el Mad Interno suspiró-. "No haces más que cometer errores, eres terrible".

Le hubiera respondido, pero el timbre sonó de golpe. "Qué raro" pensó, no esperaba visita. Tal vez fuera su hermana, ella de algún modo siempre se enteraba de cuando terminaba en urgencias por una cosa o la otra.

"Tal vez esta saliendo con el doctorcito ése". Pensó, mientras le hacía un gesto a Macchi de que siguiera comiendo. Los perros ladraron al escuchar el timbre y corrieron hacia la puerta meneando la cola de excitación. Debía ser alguien que conocían. Tan ofuscado estaba ese día que ni siquiera se fijó por la mirilla antes de abrir la puerta.

Y su mente quedó completamente en blanco cuando la puerta del cuarto se abrió y dejó pasar a la razón de todos sus males.

Ahí venía Ariel, con una tierna sonrisa y las mejillas coloradas. Por un instante, le pareció que su cuerpo era envuelto por una luz divina cada vez que esa sonrisa le llegaba. Iba vestido con zapatillas último modelo, unos jeans de azul fuerte con bordados, camisa con estampado tribal en tono pastel y una rompe viento roja, cosa que le sorprendió un poco. Ariel no solía usar esa ropa. Se lo veía cambiado pero no podía descifrar en qué, pero poco le importó cuando el menor se acercó a él cámara lenta. Primero saludó a los cachorros, que ahora estaban más gordos y grandes, con una caricia y unos mimos para cada uno; luego se volvió hacia Mad, sonriéndole, moviendo el pelo de tal forma que pudo captar su perfume antes de que se situara a su lado y se pusiera de puntitas para besarle.

Pero fue en la mejilla. No pudo evitar decepcionarse por eso, aunque agradeció el poder sentir su perfume tan de cerca. No era el de siempre, era distinto, pero igual le encantó.

-Ariel... -en ese momento reaccionó como debía a la situación. Ariel estaba frente a él, en su casa, cuando había tratado de alejarse y encima ahora lo veía en semejantes condiciones. Tenía la sensación de que él sabía lo que le había ocurrido y eso lo cohibía a sobremanera. No podía ser más humillante-. ¿Q-qué haces aquí?

-Alex me llamó y me dijo que estuviste en el hospital. Como ella no podía venir, me pidió que te viniera a ver, pero yo lo hubiera hecho de todos modos. ¿Cómo te sientes? Supongo que no es tan malo si ya estas en casa.

Jean Claude deseó que se lo tragara la tierra y que nunca lo dejara salir. ¡Estaba tan avergonzado! ¿Cómo podía decirle a su niño precioso las razones por las que estaba lastimado? ¿Cómo siquiera a su hermana se le había ocurrido el comentarle que había estado en urgencias? Desde la secundaria que no pasaba por tal humillación.

Para colmo de males, Macchi se rió por lo bajo desde la cocina, acercándose al menor al que le dio un beso, y dijo:

-Bueno, Mad, voy a dejarles un rato a solas... Los perros están muy excitados y hoy no les diste su paseo matutino.

Ariel frunció el ceño.

-¡Pero Maddy! Te dije que los perros tienen que caminar quince minutos todas las mañanas antes de comer. ¿Cómo es que te olvidas de todo?

-No te preocupes, occhibi -dijo Macchi, dándole un beso en la frente-. Para eso está el ama de casa, yo los saco a pasear y así ustedes se ponen al día. Pero luego tendrás que contarme a mi también, ¿eh? Porque me sentiré muy ofendido.

-Tengo que ir a tu joyería más tarde, Macchi. No me iré sin ti -respondió el menor, sonriente como siempre.

-Cuida bien de Mad mientras no estoy.

Y Masaaru se fue, dejándolo solo con tal problema. Ariel, junto a él, en el cuarto estar, los dos solos y con un silencio tremebundo que sólo era roto por el tic-tac del reloj de pie. Ariel se sentía muy nervioso, no sabía bien qué decir o hacer. Estaba ahí junto a la persona a quien más había querido ver y ahora no tenía nada para decirle. A Mad le pasaba algo similar también. Al final, Ariel se armó de valor y decidió hablar:

-¿Cómo fue que te lastimaste, Maddy?

El otro se salió por la tangente.

-Oh, es una larga historia, pero no importa. Dime, ¿cómo lo has pasado? He tenido trabajo últimamente, por eso no he podido responderte... Lo siento de veras, pequeño. ¿Quieres algo de pastel? Masaaru trajo uno de fresas y chocolate exquisito.

"Mentiroso". Se dijo a sí mismo. Se sentía tan mal al mentirle, tan mal. Pero tenía que hacerlo, Ariel ya no lo necesitaba y él deseaba olvidarlo.

-No, gracias. No me gustan los pasteles comprados, me saben raro -le negó con la cabeza y caminó a la cocina, pues no sabía que otra cosa más hacer. Allí se sentó, observando las tazas de café a medio tomar y el pastel recién cortado-. Ya comencé con las prácticas para modelar en Mode. Me tocó un instructor muy simpático, es otro modelo con más experiencia, ¿sabes? -Ariel, cuyos nervios desaparecieron por arte de magia, ahora estaba hablando con una gran sonrisa complacida, haciendo gestos con las manos-. Se llama Roger. Es un poco extravagante, así como Macchi, pero me explica todo muy bien. ¡No tienes idea de cómo me hace trabajar! Terminaré sacando piernas de hierro si no dejo de caminar, correr y saltar por todos lados.

Mad no pudo sino reír. Ahora entendía por qué lo veía distinto. Estaba delgado, pero sus piernas y su cintura se veían más formadas, y... podía jurar que hasta su trasero estaba más grande.

-¿Sólo te entrenan de la cintura para abajo?

-Nooo, claro que no. Me obligan a hacer gimnasia de todo tipo, todos los días para estar en forma, y me dieron un dieta, aunque yo no engordo. ¡Ah! ¿Y sabes? También me hacen limpieza de cutis y cosas así. Y creo que van a cortarme el pelo. Espero que no, no quiero que me corten el pelo.

-No creo que te lo corten, precioso. Tu pelo es uno de tus atractivos. Sería como... Como sacarle la antorcha a la estatua de la libertad -Ariel se rió y comprobó, muy a su pesar, que esas sin tilde sonrisas seguían causándole el mismo efecto-. ¿Ya te has probado la ropa?

-Nop, mañana nos mostraran qué ropa se usara en el desfile y cuál usara cada uno. Los estilistas también van a maquillarnos y eso, para ver qué nos queda mejor, siempre bajo el amparo de los diseñadores, o al menos eso me han dicho los demás modelos. Me llevo muy bien con todo el mundo ahí, nunca me imaginé que los modelos pudieran ser tan amables. Y casi todos están estudiando una carrera. Siempre pensé que los modelos eran idiotas.

-Ahora ya sabes que no hay que prejuzgar.

-Tienes razón -una sonrisa encantadora casi hizo que las defensas de Mad se quebraran, pero tenía que resistir-. Conocí a mucha gente interesante. Me siento cómodo en ése lugar y desde que voy ahí me siento distinto... Estoy más cómodo conmigo mismo.

-Lo dices por los chicos que te molestaban siempre, ¿no? Por como te veías -Ariel abrió mucho los ojos-. Lo siento, petit. Laura me lo contó.

-Está bien. Tenías que enterarte de alguna forma y a mi me daba mucha vergüenza decírtelo. Hay chicos como yo en Mode y el hablar con ellos me hizo sentir que no estaba solo. No tengo que preocuparme por cómo me miran sino por cómo me sienta yo mismo. ¿Verdad?

-Claro que sí. Si tú estás bien y te sientes bien, a la porra con lo que los demás digan. Eso es problema de ellos -sin embargo, había algo que no comprendía muy bien en sus palabras-. ¿A qué te refieres con eso de "chicos como yo"?

-Ajá. Lo mismo me dijo el jefe de Mode cuando entré al edificio. Hablamos largo y tendido sobre como sería el trabajo, lo que esperaba de mí, y lo que no haría.

Pero claro, no pensaba decirle a Mad que el jefe sabía de su condición porque le hicieron un chequeo de salud completo y que lo había enviado a un centro donde había más personas intersexuales como él. No podía dejar que Mad se enterara de algo así. Le daba demasiada vergüenza, temía que nunca más quisiera verle o le tuviera repulsa, como los demás.

-Sí, claro -dijo Mad, conforme al ver que las cosas le estaban yendo bien en el trabajo, aunque evitó nombrar a su hermanito menor-.Me alegra muchísimo saber que esta yéndote bien y que te estas habituando. Pronto será pan comido, ya verás.

-Gracias, Maddy. Fuera de eso, he pasado tiempo con los chicos. ¿Te conté que nos hicimos muy amigos? No, no te conté -musitó, poniendo una expresión de tristeza-. No he podido verte.

-Lo siento, Ariel.

-Salgo mucho con ellos, juntos o por separado. Me llevo genial con todos. Íbamos a salir este fin de semana pero nos dieron un trabajo práctico de Filosofía. Pero el domingo podré ir a tu casa, como siempre. ¿Quieres que te lleve galletas?

Mad pasó saliva. Le costaba horrores decirle que no a esa sonrisa esperanzada y a esos ojitos brillantes que lo miraban con cariño. Había hecho mal en hacerse tan amigo de él, ahora separarse iba a ser doloroso para ambos. Sin embargo se armó de valor, temblando por dentro y por fuera, para poder decir las palabras más dolorosas de su vida.

-No creo que pueda, encanto.

Casi al instante los ojos del menor se abrieron de par en par. Mad se dio cuenta de cómo apretaba las manos sobre sus rodillas, el mismo gesto que le vio hacer cuando su hermano lo rechazó en el hospital. Se sentía asqueroso.

-¿Por... qué?

-Tengo mucho trabajo, cielo. Últimamente me han pedido demasiados encargos como arquitecto y tengo que mantener la reputación de mi familia. Ya sabes, somos gente importante -de reojo, notó que Ariel bajaba la cabeza con la cara roja-. No podré hacer nada hasta que me saque todo de encima.

-Ah...

Entonces el silencio se instaló en la habitación. Sabía bien que estaba lastimando al menor con esas palabras, pero tenía que hacerlo. Tenía que olvidarle. Ariel por su lado, se tragó el llanto y el dolor en el pecho, al igual que se tragó todo cuando se enfrentó con su hermano, y mantuvo el silencio durante un rato mientras desmenuzaba cada palabra para captar su verdadero significado. Y sólo les encontró una respuesta, muy fea, la verdad.

-Mad.

-D-dime -daba gracias que la sábana le cubriera, estaba temblando.

-¿Ya no quieres estar conmigo?

La pregunta le cayó como una bomba al mayor. Se esperó todo, incluso llanto, pero no una confrontación tan directa. Incluso quedó descolocado unos instantes antes de poder responderle como correspondía, firme, pero suave, sin demostrar dudas... Pero no pudo decirle la verdad al ver sus ojazos tristes.

-No... ¿Por qué lo dices?

-Es que ya no quieres verme. No me hablas, no me contestas, no quieres pasar tiempo conmigo. ¿Hice algo malo? -quiso saber y pese a que intentó controlarse, la voz le salió quebrada, demostrando con eso lo chiquito y débil que se sentía en aquel momento.

"No debo llorar". Pensó el menor, repitiéndolo como un mantra para poder contenerse, pese a que los ojos le escocían por no pestañear. Al fin se sintió con la fuerza suficiente para alzar la cabeza, esbozando la más desvaída de sus sonrisas. Y Mad lo notó. Se dio cuenta de lo mucho que estaba lastimando a Ariel... pero no entendía por qué, ahora tenía sus amigos.

-No es eso, pequeño, te lo juro. He tenido mucho trabajo, es todo. Sabes que yo siempre estaré si me necesitas.

-¿De verdad? ¿Lo prometes?

-Lo prometo -esbozó una sonrisa. No podía hacerle eso ahora, ¿cierto? le hizo una seña para que se acercara y aprovechó para besarle en la frente. Ariel se ruborizó de pies a cabeza, con el corazón desbocado. Hubiera querido abrazarle, la sensación de que Mad ya no quería tenerlo cerca perduraba dentro de él y le dolía muchísimo. Se esforzó para sonreírle.

-Está bien, perdona que me puse así. Es que me importas mucho, me dolería que ya no me quisieras.

Eso removió algo dentro de Mad, al punto que hasta el doppleganger prestó atención.

-Pero, ¿y tus amigos?

-Tengo amigos, los quiero y soy feliz con ellos, pero tú eres especial. Hay cosas que ellos no saben de mí, cosas que no puedo decirles. Tú eres en quien más confío -confesó al fin, desviando la mirada. Esperaba que Mad no se diera cuenta de lo que sentía, porque ni él mismo estaba convencido del todo. Pero Jean Claude estaba demasiado ocupado en ocultar las lágrimas que lo querían azotar abrazando al menor-. Te aprecio mucho, Maddy. Perdona si te aburro con mis cosas de niño.

-No... No te preocupes, encanto. Tú nunca me has aburrido, es sólo que tengo muchisísimo trabajo ahora y no quiero aburrirte con esas tonterías de adultos. Trataré de sacar más tiempo para ti, lo prometo.

La sonrisa que Ariel le dedicó fue tan deslumbrante, que Mad sintió que con su poder podría conquistar el mundo. Pero le gustara o no tendría que alejarse de ella, porque no toleraría ver que se la dedicara a alguien más. Estaba a punto de despedirlo, de agradecerle que le hubiera visitado cuando en el cuarto de junto se escuchó el teléfono. No reaccionó a tiempo y no pudo atender, por lo que el contestador se activó y dejó oír el mensaje en altavoz casi al instante. Le había pedido a Macchi que le programara la máquina de esa forma porque le ahorraba tiempo y le permitía atender si la persona era alguien con quien quería hablar, pero en esa ocasión se arrepintió por ello cuando la voz de Aarón tronó en toda la sala de estar.

-Lo siento, Mad, ¡lo siento! Es culpa mía, yo te lo rompí. Debería haber tenido más cuidado, ahora estás mal por culpa mía.

No pudo evitar el palidecer, pues no quería que Ariel supiera de su desgraciada condición actual y de porqué estaba así. Salió corriendo para poder atender pero sólo atino a presionar el botón que le permitía hablar sin descolgar. Así Ariel terminaría escuchándolo todo si no paraba al muchacho a tiempo.

-Eh... no, no te preocupes. Ya estoy bien, no fue tan serio. Perdona que no pude atenderte, estaba ocupado. Esto..., Aarón, ahora no puedo...

Ariel pestañeaba sin entender nada, mirando a Mad y al aparato alternadamente. La bomba explotó cuando Aarón gritó.

-¡Pero te rompí el pene! -Ariel abrió la boca con cara de incredulidad y miró a Mad, que estaba rojo de pura vergüenza por primera vez en años-. Es todo mi culpa, si hubiera sido mas cuidadoso cuando lo...

-Oye, oye, oye. Cosas triple X aquí no, por favor --gracias al cielo, Macchi entró justo a tiempo al cuarto con cara de indignación y los brazos cruzados, mirando a Mad como si fuera un idiota, quitándole la correa a los perros cansados-. ¿No te da vergüenza? Estamos en una casa de familia y hay menores presentes.

Sólo en ese momento, Aarón cayó en la cuenta de que no era el momento para hablar de semejantes cosas. Quién sabe qué habrá creído, pero soltó un gritito de terror pidiendo disculpas por vigésimo quinta vez antes de cortar como alma que se lo lleva el diablo. El menor del grupo estaba con la cara lívida y los ojos muy abiertos, evitando mirar a Mad, y él esta rojo de vergüenza, evitando mirar a Ariel a su vez. Lo que él no sabía era que la razón de Ariel para estar así no era asco ni nada, sino que se estaba conteniendo porque le dolía mucho el pecho sin razón aparente. Estaba revolucionado de celos.

"Así que este era su trabajo". Pensó con una oleada de ira en el muchacho con voz de corneta que, en su mente, era más feo que pisar mierda descalzo . Almudena ya le había dicho que era normal que saliera con otras personas y que buscara pareja, eso lo entendía perfectamente y también lo creía normal. Entonces, ¿por qué le molestaba tanto? Lo peor era sentir esa horrible sensación de odio hacia alguien a quien nunca había visto, hacia Mad, hacia lo que ambos estuvieron haciendo que dejó al mayor en el hospital. No recordaba haber sentido tanto desprecio hacia nadie, ni siquiera hacia Eros; pero, como siempre, no dijo nada. Sólo apretó los puños, respiró hondo, e hizo como si no hubiera ocurrido nada al sonreírle a Mad.

-Ariel, será mejor que nos vayamos -dijo Macchi, consciente del lío que se había formado y del tenso aire del cuarto.

-Sí, ya voy. Oye Mad...

El susodicho pasó saliva, todavía incapaz de mirarlo a la cara.

-¿D-dime?

-La próxima semana tendremos en la escuela una especie de taller para padres y alumnos, algo sobre la convivencia para que aprendamos a llevarnos todos bien. Es algo nuevo, se decidió luego de que me encerraron en el baño.

-Oh, sí... Entiendo -claro que entendía, si fue él quien había dado la idea y quien recomendó al "especialista" para que se encargara de todo-. ¿Piensas ir, verdad?

-Es obligatorio, así que sí. Pero tengo que ir con un mayor. Mi primo está en exámenes, sólo podrá acompañarme a partir de la próxima vez. Y mi tía tiene una cita, no quiero arruinársela. ¿Podrías acompañarme?

-¿Yo? ¿Quieres que yo asista en su lugar?

-S-sí. Bueno, entiendo si tienes mucho trabajo y no puedes, pero me gustaría que al menos lo intentaras. Eres en quien más confío, me sentiré seguro contigo presente.

Jean Claude pasó saliva. Tendría que mentirle a Ariel.

-Trataré de hacerme tiempo para asistir, te lo prometo.

Una sonrisa brillante se extendió en el rostro del menor, llenándole de culpa. No pensaba ir, era obvio, tenía que mantenerse alejado y no quería que Laura le viera junto a él de nuevo. Pero Ariel no se dio cuenta de lo que pasaba por la mente de Mad, ergo, estaba exultante de alegría. No sería el único solo en la clase como siempre, tendría alguien a su lado en quién apoyarse si las cosas resultaban mal. Por ello se acercó a Mad e inclinándose un poco sobre él, apoyó sus labios sobre los del mayor como siempre que se despedían. El corazón le dio un vuelco al hacerlo, deseando por un instante poder dejar sus labios allí mucho más tiempo, pero se obligó a sí mismo a separarse, aunque sus mejillas estuvieran rojas.

-Gracias Mad. Nos vemos mañana.

-Nos vemos.

No pudo decir más, tener a Ariel cerca era demasiado para él todavía y hasta le había causado dolor en aquella zona que debería estar completamente inmóvil durante tres o cuatro meses, pero lo ocultó con una maestría digna de un premio Nobel y le sonrió, antes de recostarse en la cama para contemplar como Ariel y Macchi se retiraban saludándole. Se sentía mal por hacer eso, pero no pensaba asistir a ese taller.

Por su parte, Ariel se llevó una mano a la boca para acariciarse los labios. Estaba confundido.

-Macchi.

-¿Dime? -el hombre que ahora conducía hasta su propia joyería prestaba atención a las acciones del menor aunque éste no se diera cuenta. Sabía que había algo más allí, entre esos dos personajes con cuyo romance estaba lidiando y estaba decidido a saber qué era.

-Esto..., ¿qué tipo de tíos le van a Mad?

Ésa era una pregunta importante, y una muy buena pista que enseguida le respondió a todas sus dudas, pero no podía contestarle al menor sin poner a Mad en aprietos.

-¿Por qué preguntas, ochibi?

El muchacho se puso colorado.

-Nada... Curiosidad.



Link del siguiente capitulo.

1 comentario:

HolkanxGael dijo...

eeeeeeeeeeeeey, psima ortografia xq se supone q no debo star conctado pero ando de la rehueva
-___- como te dije n CBOX sigo tu trabajo d C.O y m gusta, t dbo un comntario n amor yaoi....pero ni a mi Lieblosm c lo he puesto, digamos q yo solo leo!
Bn, ps, lei en el blog d lieblosm q t gustaria tnr un bannr, ps m di a la tarea d buscar algo relacionado con lo q dscribs...fue titanico xq las iamgens q dseaba no staban disponibls....y Lieblosm tan mtiche m sugirio algunas y d ahi salieron los siguientes bannrs

1ro:

http://yfrog.com/85bannercobyhxlj

n teoria s Ariel

2ºhttp://yfrog.com/fvbannercohxl00g

st sta basado en cierto cap dl cual no dire mas....en teoria sigue siendo ariel y db star n el cierto cuarto d cierto arkitcto.

bueno eso todo...

espero t gustn ya q x sta vz no todo el crdito s mio, mi blog sta mpolvado pero....n cuanto trmine d renovarlo t agrgo pk.


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