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sábado, 8 de agosto de 2009

Mis relatos Homoeróticos: Cuarto Oscuro capítulo cuatro parte 2

El juego de los besos.
Segunda Parte.



Mad estaba inquieto. Había tenido ese sueño tan raro luego de haberse quedado hasta tarde leyendo información sobre su padre y su madre. De su padre no había necesidad de leer nada, él ya lo sabía todo, pero le sorprendió las pocas líneas dedicadas a su mamá:



Angelina McGregor, hija de Josemit McGregor, importante empresario dueño de Mcgregors L.A, la gran transportadora de madera. Se graduó de la Facultad de Medicina a los veinticinco años. Conoció a quién sería su primer y único esposo, el arquitecto francés Julian Labadie, durante su fiesta de graduación en El Cairo. Tras cuatro años de noviazgo decidieron casarse y al año dio a luz su primer hijo. Dos años después, mientras Angelina trabajaba en la clínica privada Sagrado Corazón de Jesús, dio a luz a su segundo hijo. Angelina McGregor de Labadie murió un año más tarde en un accidente de tráfico”


Al parecer, su madre fue testigo del choque en cadena e intentó ayudar a los heridos, pero un auto que no pudo frenar a tiempo e intentó esquivar el tumulto de autos derrapó y la golpeó de frente. Murió en el acto. Julian ni siquiera hizo un velatorio, y a las veinticuatro horas ya estaban enterrándola. Su abuelo sufrió de una profunda depresión al perder a su única hija y murió de una apoplejía poco después, a lo que Julian respondió velándole tan rápido como a su esposa y trayendo a su abuela para vivir con ellos.


Siempre supo que su madre había muerto, aunque su padre jamás hablaba del tema. Ahora se preguntaba si la había amado en alguna ocasión, ¿qué clase de hombre entierra a su esposa, esconde sus fotos, sale con jovencitas teniendo dos hijos que criar y nunca más vuelve a hablar de ella? A partir de aquí, según Alex, su padre comenzó a beber poco después de la muerte de su madre. Y a él le costaba tanto recordar esa época. Por alguna extraña razón sentía que había nacido mucho después de eso, en el solitario ático de su casa donde pasaba las horas.


Ahora, mientras miraba la ropa que su hermana disponía sobre una mesa para ponerle a Ariel durante la sesión de fotos, estaba perdido en el maraña que se había convertido su mente.

Alexandra…—musitó, mirando con ojos ausentes los encajes de una blusa negra—. ¿Por qué fue que todos comenzaron a llamarme Mad?


Ella, que estuvo parloteando un buen rato sobre la colección de vestidos de noche, todos hechos con encaje que le haría poner a su modelo favorito, alzó la vista contrariada.


—¿Cómo que por qué? Tú mismo fuiste el que comenzó a decirle a todo el mundo que tenía que llamarte así, ¿no recuerdas?


—No, no mucho. Siempre creí que tú me habías puesto el apodo a los dieciséis —ella le negó con la cabeza, tomando cuidadosamente los aros de perlas Swarovski.


—Para nada, tú mismo lo comenzaste. Fue cuando cumpliste los doce, si mi memoria no me falla; le dijiste a todo el mundo que a partir de ese día te llamaran así y te negabas a responderle a cualquiera que te dijera por tu nombre.


—¿Incluso a papá?


—Incluso a papá. Recuerdo que te pegó un par de veces porque no le respondías cuando te hablaba, pero después de unos días, él también empezó a llamarte así. A los dieciséis fue cuando tuviste el accidente en el barco durante la tormenta, ¿recuerdas?


—Ya veo.


Alex dejó la ropa y las joyas, para concentrarse en mirar a su hermanito menor. ¿Dónde estaba el Mad alegre y excéntrico que ella conocía? Éste Mad estaba ido, triste, incluso algo deprimido… No le gustaba verlo así, ¿le habría pasado algo malo?


Mad, ¿qué tienes?


—Nada en realidad, Alex —respondió suavemente, dándose cuenta de su preocupación. Intentó darle una sonrisa, pero le salió forzada y débil—. Es que me he dado cuenta de que no recuerdo mucho de mi infancia, es todo.


“Yo, en tu lugar, lo agradecería”.


—¿Y por eso te pones triste? ¡Hay mucha gente que no recuerda su infancia, caramba! Además, yo en tu lugar lo agradecería.


“¿Lo ves?”


“Sí, lo sé”


“¿Te arrepientes de haberme aceptado?”


“No, claro que no. Es que de repente sentí curiosidad”


“¿Y por qué demonios tienes tantas ganas de recordar, si sabes que tu infancia no fue feliz hasta que yo llegué y te saqué de tu encierro? ¿Quieres volver a vivir pensando en tu papá bajándose whisky tras whisky, gritándoles a tu hermana y a ti? Mejor vive el presente y disfrútalo. Ariel llegará dentro de un rato”.


La sola idea de volver a ver a Ariel fue como un bálsamo que alivió su momentánea tristeza, y pronto volvió a ser el de antes. Era verdad, él nunca pensaba en el pasado. Lo importante era vivir el momento y exprimirlo a como diera lugar, a veces pensaba en el futuro y ya tenía todo arreglado, por lo que se dedicaba a vivir en el ahora. Y el ahora, era tomarle fotos a su musa.


El ruido de la puerta abrirse le dio una sacudida de emoción.


—¡Perdón por la demora! —apareció Ariel, con la cara roja y el pelo despeinado por haber estado corriendo—. Lo siento, salí lo más rápido que pude de la escuela.


El alivio interno que sintió Mad al verlo se comparó con los temblores que le causaban su precioso acento extranjero. Le dedicó una gran sonrisa al niño y, esta vez sí, fue natural y alegre mientras que el niño se acercaba y le daba un beso en la mejilla como a todo el mundo.


—Ya, no te preocupes —Alex lo apretujó contra su pecho—. Apenas si llegaste cinco minutos tarde así que deja de hacer aspavientos y ven, que tenemos que ponerte lindo para las fotos.


—Sí, señora —asintió, yendo junto a Mad a dejar la mochila—. ¿No les molesta que me quede después verdad?


—Claro que no —se adelantó a responder el fotógrafo, acariciándole la cabeza. Su pelo negro era tan suave y sedoso—. Podemos tomar la merienda juntos como siempre, sabes que si a las dos locas les molesta podemos ir a la cafetería de enfrente.


Como siempre, esa sonrisa divina que tenía el chico lo llevaba a la nube nueve.


—Está bien, siempre y cuando no les moleste que haga las tareas aquí —Alex negó con la cabeza, dándole órdenes a sus estilistas para que fuera ya a atender a Ariel.


—Sabes que eres bienvenido aquí. Laura y yo estaremos ocupadas, pero puedes hacerle compañía a Mad.


Alexandra Labadie” pensó Jean Claude, bailando en su fuero interno. “Te amo con todo mi corazón”.


—Muchas gracias, Alex. Bueno —el menor se quitó el blazer del uniforme que, dicho sea de paso, a ojos de Mad le quedaba precioso—, ¿comenzamos con los preparativos?


No tuvo que decir más para que le sentaran en una silla giratoria y un chico muy amanerado comenzara a hacerle la manicura, mientras que una de las tantas estilistas que ya había visto antes trabajar ahí (una chica oriental algo excedida en peso), le maquillaba. Lo primero que hizo fue exfoliarle la piel para quitar cualquier impureza y aplicarle una base de color para darle tonicidad a su piel, le siguió un poco de rubor en las mejillas y sombra dorada en los ojos. El amanerado le limó las uñas, les puso una laca transparente y arriba le colocó un esmalte rojo escarlata que, Mad estaba seguro, le lastimaría los ojos a alguien que no estuviera acostumbrado.


“Un Momento… ¿Rojo?” pensó, mirando sin comprender nada.

¿Por qué demonios le pintaban las uñas de un color para mujeres? Cuando le pintaron los labios del mismo color, a la vez que le pintaban las pestañas, ya arqueadas con un aparatito curioso, y le pintaban las cejas de marrón, se asustó al ver a Ariel convertido prácticamente en una chica. Verlo así, mientras le echaban spray en el cabello y se lo peinaban con cepillos especiales, era como estar viendo a cualquier modelito de pasarela, esas que no tenían nada de pechos y eran tan pero tan delgadas.


“Guau. ¿No te dan ganas de tumbarlo contra el piso doce veces?”


No se lo podía negar pero tampoco era el momento para pensar esas cosas. ¡Estaban transformando a su Ariel! Y el golpe fue peor al darse cuenta de que toda la ropa que el pequeño se pondría era ropa de mujer. Delicados vestidos, medias, y blusas de mujer hechas en encaje negro. Pasando saliva, y pidiéndole a Dios que le otorgara suficiente autocontrol para soportar esto, se acercó a Alex con sumo disimulo y le preguntó muy bajo.


Hermanita de mi alma, ¿puedes decirme por qué lo están pintando como a una mujer?


—Es necesario para la ropa que le pondremos.


—¿Y le pondrán esa ropa de señorita que esta sobre la mesa? —Alex asintió—. ¿Estás loca? ¿Cómo vas a travestirlo de esa manera?


—A él no le molesta, fue Ariel quién se ofreció.


—¡Oh, vamos! —exclamó ya a un volumen más alto, perdiendo el juicio por un instante—. ¿Qué clase de niño de catorce años acepta vestirse como una mujer por propia voluntad? Seguramente lo has obligado, ¿es eso, no?


Em, Mad… —la voz de Ariel llamándole, le hizo caer en la cuenta de que había hablado demasiado alto y que el chico, además de los estilistas, le miraban fijamente como si estuviera loco—. Yo acepté. De verdad, no me molesta ponerme ropa de mujer.


—Pero, ¿en serio? ¿No te molesta?


—Nones. Me da igual —se encogió de hombros, mientras le peinaban el cabello en un rodete recto encima de la cabeza—. De todos modos, paso por chica, así que ¿cuál es el problema?


“Y después de todo esto, soy casi una de ellas” pensó el chico en su fuero interno, pero no lo dijo.


Mad se vio obligado a guardar silencio, observando las ropas que le ponían. No lo pudo creer cuando Ariel se le apareció vestido con una blusa de encaje con nudo al cuello, una babucha de satén, y unos zapatos de plataforma negros que lucían demasiado caros para ser reales. Era una mujer, le mirara por donde le mirara. El encaje negro con formita de flores contrastaba con su piel blanca como la leche, creando un efecto surrealista. Los llevaron a una casa cerca de allí, muy antigua que habían alquilado especialmente para sacar las fotos, ya que, según las propias palabras de Alex, tenían que tener un aire renacentista y anticuado.


Mad quiso matar a tiros a todos los tipos que le tocaban bocina a Ariel durante los doce pasos que los separaban de la casa. Allí, con el material de luces y paneles previamente preparado, Mad simplemente tuvo que pedirle a Ariel que posara en un lugar determinado y apretar el botón. En un instante había varías fotos del niño posando de pie, aferrado a la baranda de una escalera anticuada con un aire delicado, inocente y levemente sexy.


A Mad no le gustaban esas fotos, eran demasiado posadas y falsas, pero eran exactamente las que el cliente requería por lo que no dijo nada. Él quería fotografías del verdadero Ariel, de su verdadera cara, de su sonrisa autentica, y no la que ponía cuando trabajaba. Pronto hubo cambio de ropa: le pusieron un hermoso vestido de seda y encaje de un solo hombro, con los detalles de hermoso encaje en la falda. Los flashes resplandecieron sobre las perlas de los aros Swarovski y el fulgor de los ojos azules del chico. Foto, cambio de ropa, otra pose, foto. Vestidos de encajes iban y venían sobre la pálida piel del chico, así como aretes, collares, guantes de piel y un delicioso par de medias de encaje que hubiera hecho a Mad excitarse de no ser porque estaba en mitad de un trabajo.


Luego de varias horas de arduo trabajo, mucho maquillaje y ropa de noche, pudieron terminar.


—Muy buen trabajo a todos. ¡Descansen! —gritó apagando la cámara—. Muy buen trabajo, Ariel, has estado genial.


—Gracias —Ariel, vestido ahora con una camisa de encaje francés antiguo, una falda globo negra sobre esas medias que hacían volar su imaginación y unos zapatos de encaje con tacón chino de doce centímetros, caminó hacia donde él se encontraba sin sacarse el maquillaje, pero esbozándole esa sonrisa real que a Mad tanto le gustaba—. Fue una buena sesión, ¿verdad?


—Por supuesto, y nos pagarán mucho a los dos por ella. Has estado genial, me sorprende la facilidad con la que posas. Aunque más me sorprende que puedas caminar con esas cosas puestas en los pies y no matarte en el intento.


—Es un talento, créeme. En realidad, cuando me las puse por primera vez casi me mato pero luego pensé: “Si las mujeres pueden, yo también”. Mira —dio una voltereta apoyado en un solo pie, exhibiendo la ropa que llevaba puesta como lo haría una chica. Mad pasó saliva, rogando por auto control—, dime, ¿me veo bonito?


“Te comeríamos crudo si no hubiera testigos, verdad Mad?”


—Precioso. Muy, muy precioso. De hecho… —muy despacio y como quien no quiere la cosa, Jean Claude estiró su mano hasta poder acariciar apenas la mejilla derecha de Ariel, cubierta todavía por el rubor, mientras se acercaba lo suficiente para contemplar su rostro de cerca. Dios, era tan hermoso, tan perfecto. La mano se le derritió sólo de sentir esa piel suave y cálida contra su mano, ¿serían sus labios tan suaves?—, eres más hermoso que cualquier mujer que haya visto antes.


Ariel permaneció en mutis, simplemente mirándole a la par que sentía la mano de Mad sobre su piel y sus ojos oscuros sobre los suyos. Nunca lo había notado, pero tenía una mirada tan dulce y clara como no le había visto a un adulto en mucho tiempo. Se dio cuenta de lo poco que le molestaba el contacto y el cumplido le produjo suficiente placer como para hacerle sonrojarse. Mad, en cambio, se maravilló con el rojo de sus mejillas y memorizó cada línea de la carita andrógina que estaba tocando, mientras daba gracias por haberle conocido, pero maldecía el desatino que los obligó a encontrarse siendo Ariel un púber menor de edad. La suavidad de su piel, el color de sus ojos, el aroma a manzanilla de su pelo, todo eso entremezclado era un cóctel demasiado fuerte. Le mareaba, le mareaba el mero hecho de tenerlo cerca y no poder estar con él de la forma en que lo deseaba.


Pero sabía que lo que Ariel deseaba era un amigo, y no un “Sugar daddytreintañero, que babeaba por verlo con medias de encaje, por lo que terminó alejándose con la misma lentitud con la que se le había acercado y se obligó a sí mismo a esbozar su mejor sonrisa, desarmándole el rodete que tenía en la cabeza.


—Bueno, estás divino pero mejor vete a cambiar antes de salir a la calle. ¿Qué haremos si te salta algún loco encima, ah? Terminaré yendo a la cárcel por defenderte.


Haciendo pucheros, Ariel zapateó un poco. Con esos tacos tenía la misma altura que Jean Claude pero, qué pena, seguía siendo un niño.


—Malo —contestó, poniéndole esa carita que tanto le podía a Mad—. Sigue así y no te querré más.


—¡Oh, no! —Se llevó ambas manos al pecho, en un gesto teatral de pánico—. ¡Agonizo!


—Ve y agoniza, mala persona —le sacó la lengua y a Mad se le antojó deliciosa.


—¿Me vas a dejar morir así? —inquirió sentándose en una silla, como si sufriera un infarto. Le miró con fingidas lágrimas y expresión de reproche, acusándole de su muerte—. ¡Eres taan cruel!


Uff —el niño puso los brazos en jarras, inflando los cachetes y arrugando la frente como si estuviera enfadado. Pero por dentro se reía, el movimiento de sus hombros lo delataba. Finalmente, se dio por vencido y rió a carcajada limpia. Mad estaba tan loco y siempre le hacía reírse tanto. Dio un par de pasos para acercárse y le dio un beso en la frente, dejándole la marca de lápiz labial—. ¿Eso basta para que no te mueras todavía?


—Hum, algo… Un poquito. Pero, ah, mi viejo corazón está tan débil. No sé si sobreviviré.


Riéndose otra vez, Ariel le besó una mejilla.


—¿Y ahora?


—Ya estoy mejor, pero, qué mal, me duele tanto el pecho.


Ah, le encantaba hacer esos juegos con el niño. Se divertía tanto que a veces olvidaba lo mucho que lo deseaba pura y exclusivamente para hacerlo sonreír. Otra cosa por la que debería felicitarse era que esos besitos le inspiraban ternura, nada más que ternura, lo cual, teniendo en cuenta la de fantasías que había tenido y seguía teniendo con Ariel, era todo un logro. El menor le beso en la otra mejilla, sin dejar de reírse, y consideró que lo mejor era dejar el juego o le pediría un beso en los labios y eso acabaría con todo su autocontrol. Cuando el modelo fue a cambiarse y limpiarse la cara, Mad se quitó las marcas de lápiz labial del rostro aunque hubiera sido capaz de dejárselas, pero no quería avergonzar a Ariel.


Terminada la sesión de fotos, guardados todos los elementos, arreglada la casa alquilada y ya sin más nada que hacer, Ariel y Mad se quedaron en la cocina del atelier mientras que Laura se pasaba la tarde haciendo llamadas a revistas y Alex le gritaba a uno de sus aprendices que había “destrozado” un saco de tafetán. Mientras comían galletas y masitas dulces con té y café, charlaron sobre cosas sin importancia, como el programa de la radio, música, las próximas fotos que harían y luego sobre las clases de informática.


—Ven a mi casa los sábados, para enseñarme a usar el ordenador —había dicho Mad, pero Ariel no podía los sábados. Esos días iba a visitar a su tía y a su primo—. Entonces, ¿el domingo?


—Perfecto.


—¿No tienes que salir con amigos durante el fin de semana?


—No tengo amigos, no salgo nunca –respondió lisa y llanamente, bebiéndose la taza de té. A Mad esa respuesta le partió el alma.


—Son unos idiotas —le dijo—. No tienen idea de lo que se pierden.


Ariel sonrió a modo de respuesta, por lo que siguió hablando.


—¿Y cuánto quieres que te pague por las clases?


—No quiero nada, en serio —dijo Ariel. Mad arrugó la frente y supo que protestaría por eso.


—No aceptaré que me enseñes a usar el aparatito ese si no me dejas retribuirte de alguna manera.


Cuando quiso replicar, Ariel recordó que pronto tendría examen de matemáticas en la escuela. Pensándolo bien, Mad era un arquitecto así que tenía que saber de matemáticas, ¿no es cierto?


—¿Sabes algo de matemáticas?


—Sí. No me digas que necesitas ayuda con eso —el menor asintió con la cabeza, sorprendiéndole—. ¿Cómo puede necesitar ayuda alguien con memoria fotográfica?


Ariel hizo una mueca con los labios. Cuando le explicaba a su primo las cosas éste no entendía, nadie entendía, pero supuso que no estaba de más explicárselo a Mad si este le daba clases particulares a cambio de las clases de informática.


—Puedo memorizarme las fórmulas y los procedimientos del libro o incluso cuando lo explica el profesor, pero eso no significa que lo entienda. Nunca me gustaron las matemáticas y siempre fui muy malo para comprenderlas. Me pone muy nervioso estar en el examen y no comprender nada, por eso a veces confundo las fórmulas sin darme cuenta o las aplico mal.


Eso era algo fácil de comprender.


—Te entiendo. A mi me pasaba lo mismo pero con Inglés y Lenguaje. O sea, hoy en día a los profesores les interesa que uno se memorice más páginas, pero no les importa el contenido ni tampoco que uno lo entienda lo suficiente como para que le quede en la cabeza —él mismo recordaba la de veces que se había traumatizado es la palabra correcta tratando de aprender qué significaba “What time is it?”, o las oraciones bimembres. Ésas eran épocas de tortura. En cambio, las matemáticas, que son exactas, siempre le fueron fáciles. Las matemáticas, según él, enseñan los fundamentos para tomar decisiones calmadas y lógicas, en un mundo donde nada parecía ser correcto y todo estaba del revés. Las matemáticas son maravillosas porque siempre tienen la respuesta.


—De acuerdo —dijo al fin, con una expresión muy seria y decidida—, te enseñaré matemáticas a cambio de que me enseñes a usar la computadora, ¿qué te parece?


—¿Podremos tomar el té y comer mientras tanto?


—¡Por supuesto!


—Señor, ha hecho usted un trato conmigo —y le tendió la mano en señal de promesa.


Esa vez Jean Claude llevó a Ariel a casa en su coche, cosa que se le iba haciendo costumbre. Le alegró saber que el motivo por el que no apareció con su fiel bici era porque su primo lo había llevado a clases y no porque se la habían robado. Mientras andaban por la carretera, charlaban como de costumbre aunque esta vez era sobre libros. Ariel estaba fascinado con los últimos libros que se había leído: “El misterio del cuarto amarillo” y “La saga de Melniboné”. Mad le preguntó si tenía las sagas completas y cuando Ariel le contestó que no, pero que las buscaría en las bibliotecas de la ciudad, se dijo a sí mismo que él se las regalaría. Adoraba hacerle regalos, ver su carita emocionada y curiosa al ver el paquete envuelto, la incertidumbre al abrirlo y luego la alegría pintada en su cara al tener el regalo entre las manos. Ésos eran pequeños placeres por los que podría morir. Pero no podía regalarle algo todos los días, por ende lo hacía una vez cada tanto, tratando de no verse demasiado sospechoso.


Dejó a Ariel en su casa como siempre, mas esta vez se negó a tomar algo y entrar, puesto que debía revisar muchos papeles y aparte tenía varias fotografías que entregar. El menor le dejó marchar sin quejarse, pero haciéndole prometer que se verían pronto, lo que prendió el foquito que tenía dentro de su cabeza. Arrancó en primera y regresó a casa, pues no podía decirle a Ariel lo que quería decirle cara a cara, se pondría demasiado nervioso de sólo pronunciar las palabras, llegando en tiempo record y guardando el coche a la misma velocidad.


Si no fuera porque sabía que las cosas estaban peligrosas, se hubiera metido en la casa sin cerrar ni asegurar nada. Estando todo en orden, se dejó caer en la silla de su despacho, decidido a ocuparse con el trabajo sólo el tiempo necesario para no parecer demasiado interesado u desesperado. El reloj pasaba demasiado lento, pero por fin dieron las once de la noche. Tomó su celular, ya planeado en su cabeza lo que tenía que hacer: Mandar un mensaje.

“Ariel, ¿t concts al msn? N tngo cred n el cel, qro hablrt”


Antes no escribía así, pero tanto mandar mensajitos a un joven adolescente actual le hizo cambiar la costumbre. Casi al instante su celular vibró, sonando también el Ringtone que Ariel había bajado especialmente para él.

“Nseguid. Conctat 1ro, xfavr”


No dudó en habilitar la conexión a Internet y conectarse al Messenger, esperándole. Pronto sonó ese ruidito que avisaba cuando algún conectado se conectaba y el cartelito “Ariel acaba de iniciar sesión”.

Ariel: ¡Hola Mad! ^_^ ¿Ocurre algo? O.ò

Le encantaba que él usara las reglas ortográficas universales en el MSN mezclado con esas caritas raras.

Mad: No te asustes, es que no tenía más crédito al celular y mi teléfono no suena muy bien que digamos (se me cayó el otro día, creo que lo asesiné)


Ariel: ¡Noo! =O Asesino de teléfonos. ¿Qué había hecho el pobre aparatito para merecer eso? U.U


Mad: Ja, ja. En realidad fue un accidente, me llevé la mesa ratona puesta.


Ariel: Ah, eso lo explica. xP ¿De qué querías hablarme?


Mad: ¿Tienes planes para el domingo? Estaré libre de trabajo y creí que podríamos pasear un poco. De paso arreglamos bien el horario de las clases y eso y nos despejamos un rato. Si quieres llevo las fotografías.

Eso lo había dicho para engolosinarle, incluso agregó una de las caritas sonrientes al final de la oración para que cayera. Ojala no malentendiera, por Dios.

Ariel: Okay, me parece bien ^-^ Además quiero mostrarte unos nuevos dibujos. Apenas llegué a casa me puse a dibujar como loco, ¿puedes creerlo? ¿Dónde nos encontraríamos?


Mad: ¿Qué te parece en el parque frente a la estación de trenes? Es un lugar lindo y como hay mucha gente no puede pasarte nada malo mientras me esperas. Es que… bueno, suelo llegar tarde.


Ariel: ¡Jajaja! No sé por qué, pero lo sospechaba lol Esta bien, me parece perfecto. ¿A las dos?


Mad: Ahí estaré. Perdón por hacer que te conectes sólo por esto.


Ariel: No hay drama, de todos modos tenía que bajar información sobre las ETS para un trabajo práctico de Educación Sexual. ¿Tienes que seguir trabajando, no?


Mad: Me quedaré un rato más.

Al final el “rato más” se convirtió en toda la hora y media que a Ariel le tomó juntar su información de las ETS mientras chateaban y se pasaban temas musicales por el Chat. Cuando el menor dijo que tenía sueño, no dudó en dejarle ir a dormir y apenas se desconectó apagó todo el equipo, echándose hacia atrás en la silla del despacho.


El domingo saldría con Ariel. Ése sería un día especial.


Link del capítulo siguiente.


Safe Creative #0908214261654

1 comentario:

Kiku dijo...

holas, soy kiku
(shiryu XD)
que lindo blog XDDD
ahh te quria decir que:
1) Hoy me pusieron internet *o*
2) Me sali del foro T-T
es que tengo materias que recuperar que pense que iban a ser faciles,
pero me cuestan un huevo y la mitad del otro u.u
y eso , perdon x no avisar
estoy re mal ultimamente T///T
En fin...

te mando muchos saludos mavya, cuidate mucho ^^
Nakaharakiku

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